“El valor fundamental para el éxito tiene que ver con la disciplina de cumplir horarios, de ser puntual con los demás y con uno mismo ”, escribió Juan Vega Gonzales, director del programa de servicios financieros para poblaciones de bajos ingresos (Promifin) en un artículo publicado en la edición de LA PRENSA del viernes 7 de septiembre, en el que analizaba el éxito en el desarrollo de algunos países o empresas.
“Equilibrar el uso del tiempo es un arte y una necesidad”, agregaba Vega Gonzales, para quien además de la disciplina y puntualidad la clave del éxito es hacer las cosas con gusto y pasión.
En este sentido el especialista señalaba que las personas y por ende las empresas, y por qué no los países de éxito, tienen que cumplir ciertas características como visualizar desde el inicio y claramente lo que quieren, trabajar duro y cada día mejor, enfocarse en asegurar y medir estándares de desempeño y control que garanticen calidad.
Coincidentemente en la misma edición LA PRENSA publicó una fotonota titulada “Ortega los agobió”, en la que se observa a miembros de la delegación de la empresa china Xilwei, quienes según la información fueron víctimas de la extrema impuntualidad del presidente inconstitucional Daniel Ortega, quien llegó con cuatro horas de retraso a la cita, lo que no les dejó otra alternativa que dormir en el salón a la espera del impuntual.
A la luz de este análisis y viendo lo que pasó con la delegación china y lo que frecuentemente ocurre cuando de convocatorias de Ortega se trata: su eterna impuntualidad, yo agregaría que una sociedad de éxito requiere además de personas puntuales, trabajadoras y enfocadas al buen desempeño y calidad, autoridades que muestren respeto por los demás.
La constante informalidad del señor Ortega es una muestra clara de la falta de respeto que tiene para sus propios partidarios y aliados, que son sus constantes víctimas, para los medios de comunicación a quienes convocan para coberturas, para con la población y ahora hasta con los interesados en invertir en el país.
La muestra constante de arrogancia de parte de Ortega no abona en nada a la imagen de país serio, responsable y enfocado de la que habla el director de Promifin, al contrario, no es de extrañar que continúe impactando negativamente.
Con personas tan informales como Ortega a la cabeza, lejanas a los valores del éxito de la empresa llamada Nicaragua como la honestidad, la puntualidad, la estrategia, el enfoque, el trabajo duro y la pasión por lo que se hace, salvemos a Nicaragua de este antivalor llamado Ortega, porque el país no se lo merece.
La autora es periodista.
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