Ahora que se ha confirmado el aterrizaje de Juan Carlos Ramírez en los Tiburones de La Guaira, en Venezuela, uno tiene la esperanza que ese circuito, en el que Erasmo Ramírez terminó de darle los ajustes necesarios a su material para subir a las Mayores, tenga la misma utilidad para el espigado tirador de la colonia 14 de Septiembre, en Managua.
Hay diferencias marcadas entre Erasmo y Juan Carlos, a pesar que tienen el mismo apellido. Erasmo es un pícher en el sentido completo del término. Juan Carlos un lanzador, en el sentido mecánico de la palabra. Lo que los une es el deseo de brillar.
De modo que mientras Erasmo empleó todo su esfuerzo en ampliar y refinar su repertorio, Juan Carlos ha enfatizado en fortalecer su velocidad y dominar el cambio, pero el proceso le ha resultado duro, mientras hace además la transición de abridor a relevista largo.
A sus 24 años, J.C. como le conocen en el ambiente rentado, sigue siendo joven y dueño de un estupendo instrumental físico. Tiene 6’4 pulgadas y 250 libras, que le permiten redondear un físico atlético, de gran presencia en la colina y con espacio para proyecciones.
Sobre su velocidad, se dice que alcanza 95 millas, aunque en la Liga Nica lo vimos a 93. Pero como él mismo admitió, se descuidó aquí y se le hizo difícil enderezar una temporada que se le puso cuesta arriba hasta el final.
En Venezuela tendrá que ir a fondo. La liga es superior y no se le tendrá las consideraciones que tuvo aquí. Se encontrará con Grandes Ligas en cada line up y con chavalos con deseos de llamar la atención. Será una prueba dura para él. Lo interesante es que ha asumido el reto.
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