Alejandro A. Tagliavini

Al hambre no se le combate, se le deja de crear

Francia, EE. UU. y México —que actualmente preside el G-20— en los próximos días podrían decidir convocar a una reunión de emergencia del Foro de Respuesta Rápida, creado en 2011 para discutir sobre condiciones anormales en el mercado internacional de los alimentos, para enfrentar el actual creciente aumento de los precios de los granos, provocado por una de las peores sequías de los últimos cincuenta años en EE. UU. y por las malas cosechas en Rusia. Buscan evitar la crisis de 2008, cuando se desencadenaron disturbios en varios países pobres.

El valor del maíz en la Bolsa de Chicago llegó a máximos sin precedentes. La FAO advirtió que su índice de alimentos trepó seis por ciento en julio —a niveles superiores que en 2008— y advirtió contra el tipo de vedas, aranceles y compras compulsivas que empeoraron el alza de precios hace cuatro años. Irónicamente, según reconoció hace ya meses el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, en el mundo hay comida para alimentar a los más de mil millones de hambrientos. Relator que repitió las palabras de un antecesor en el cargo, Jean Ziegler, quien dijo cruda pero realísticamente que “Cuando un niño muere de hambre… han sido asesinados”, queriendo remarcar la responsabilidad que tienen los gobiernos.

Ahora, esta responsabilidad es por falta de regulación coactiva (basada en el monopolio de la violencia estatal) o, por el contrario, es porque existe demasiada intervención. ¿Puede la violencia solucionar un problema, o lo agrava? El Relator da una pista, “los Objetivos del Milenio (un pomposo y demagógico plan multiestatal) son un auténtico fiasco”, aseguró.

El crecimiento (2.5 por ciento anual) de la producción alimentaria mundial ha sido mayor que el de la población (1.2 por ciento anual) y su demanda, aun cuando la clase media hoy alcanza una tasa de crecimiento de cerca del treinta por ciento en India y setenta por ciento en China, provocando un aumento en la demanda de recursos de parte del campo. Mientras que la población mundial ronda las 7,000 millones de personas, según la FAO la producción global de cereales supera las 2,300 millones de toneladas, con lo que hay casi un kilo por persona por día solo de cereales, a lo que hay que agregarle la carne, leche y otros alimentos.

¿Cómo se explica el hambre? Por caso, aunque Argentina produce para unos 400 millones de personas existen desnutridos entre sus 45 millones de habitantes. Los problemas logísticos son pocos, las poblaciones suelen estar cerca de los productores y con relativamente fácil acceso. Sucede que no tienen el poder adquisitivo para unos alimentos y un transporte con precios elevados, en gran parte por las cargas fiscales y costosas regulaciones coactivamente impuestas por el Estado. Y la falta de poder adquisitivo se debe a la desocupación (cuando trabajo sobra en un país que tiene todo por hacer) provocada por las leyes laborales, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quien ganaría menos, y al bajo poder de compra del salario, después de todos los impuestos que pagan directamente o indirectamente, ya que los empresarios, por caso, derivan las cargas fiscales hacía abajo vía aumento de precios o baja en las remuneraciones.

Resumiendo, el hambre no es natural, ya que la naturaleza produce más que suficiente, es el producto de la destrucción que provoca el Estado, la violencia, con sus regulaciones.  

El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

COMENTARIOS

  1. Bud Spencer
    Hace 14 años

    Hay producción pero no hay comida, el empresario vende el producto pero el consumidor (trabajador o empleado) no compra lo suficiente por falta de asequibilidad en el salario, el problema es el intermediario (“clase media”) que ha reflejado un “auge” a costillas del trabajador o empleado. En muchas ocasiones estos señores comerciantes prefieren botar la comida que bajarles el precio. Y es cierto es un asesinato.

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