Génesis Hernández Núñez
Luis Urbina estaba en primer año de secundaria en el Instituto Modesto Armijo, pero dejó las clases “por vagancia”.
“Tuve tres semanas de no entrar a clase, les hacía creer a mi mamá y a mi papá que entraba y ellos me preguntaron si quería estudiar y les dije que este año lo desperdicié, todo este mes (agosto) ya no fui a clase”, cuenta Urbina.
El chavalo, de 14 años, es uno de cada cuatro alumnos en Nicaragua que “no tiene interés” en las clases, según una investigación de la educación primaria, realizada por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), con datos de la Encuesta Nacional de Hogares para la Medición del Nivel de Vida en el 2009, realizada en 7,520 viviendas.
El sociólogo Cirilo Otero dice que mucha gente piensa que la primaria y secundaria “son once años que no te ayudan a definir qué ruta profesional o técnica podés tomar, son conocimientos repetitivos, envejecidos, excesivamente básicos y no hay educación para el cambio ni para la vida, para las relaciones sociales, humanas, es una educación para cumplir un tiempo”.
Luis está trabajando los sábados con un tío que es técnico en refrigeración, “con él aprendo y no necesito estudiar, solo observar y me gusta porque no es pesado y es bonito”.
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