El pasado 11 de agosto el índice Standar and Poor´s 500 (S&P 500) “coqueteó” con su máximo en cuatro años y sumó un alza de setenta y cuatro por ciento desde el 20 de enero del 2009, día que Barack Obama asumió el cargo de presidente de los EE. UU.
Desde la primera presidencia de Dwight Eisenhower no se veía una racha alcista como esta en un primer periodo presidencial. Ese repunte accionario podría ser lo suficientemente sólido como para que Obama logre su reelección, lo que lo convertiría en el primer presidente después de la Segunda Guerra Mundial en ganar un segundo periodo presidencial con una tasa de desempleo superior al ocho por ciento.
En marzo del 2009 (recién elegido el presidente Obama), el mercado accionario operaba en mínimos en 12 años. “Lo que están viendo es que las ganancias y utilidades están comenzando a llegar al punto en donde comprar acciones es potencialmente un buen paso, si se tiene una perspectiva a largo plazo sobre ellas”, mencionó en aquel momento el actual presidente. Una semana más tarde, el S&P 500 llegó a un mínimo histórico, iniciando de esta manera su repunte, añadiendo de esta manera 6.8 billones de dólares a la capitalización del mercado.
El mercado bursátil si bien es cierto no es el indicador del bienestar de una economía, sí lo es, de su mejoría. Según muestra la evidencia empírica de los EE. UU., una recuperación del mercado bursátil es buena noticia para el presidente de turno, pero no todas las mejorías son iguales. La falta de aumento de los precios inmobiliarios, junto con una débil recuperación del mercado laboral podría significar la diferencia en el caso de Obama. Sin embargo un estudio reciente del Instituto de Socioeconomía en Atlanta concluye que el desempeño promedio del Dow Jones en los tres años previos a la elección contribuye de mejor manera a predecir su resultado, que el crecimiento del PIB, el desempleo o la inflación. Una ganancia de veinte por ciento o más del Dow Jones asegura una victoria para el presidente a reelegir, mientras que una caída del diez por ciento o más significa que el presidente debe de ir “empacando sus cosas” en la Casa Blanca, indica el estudio.
Estas deberían ser buenas noticias para Obama; el Dow Jones registró un alza del treinta y cinco por ciento desde el 1 de noviembre del 2009 a la fecha. Durante los períodos presidenciales de Ronald Reagan y Bill Clinton, este índice ganó veinticinco y treinta y cinco por ciento, respectivamente. Ambos ganaron sin problemas la reelección. Sin embargo los precios de las acciones subieron en paralelo al auge económico que impulsó el crecimiento laboral y los precios inmobiliarios, en estos dos casos, algo que ha estado ausente con Obama en el poder. El desempleo en julio del 2012 fue de 8.3 por ciento (el mismo porcentaje registrado apenas después de iniciado el mandato de Obama).
Una economía como la estadounidense, con casi trece millones de desempleados, representa una “carga electoral” difícil de sobrellevar, sin embargo el “efecto riqueza”, que experimentan los estadounidenses por las ganancias en sus inversiones bursátiles, contribuye sin lugar a dudas a otorgar mayores probabilidades de reelección al presidente Obama en noviembre próximo.
El autor es catedrático de la Universidad Thomas More.
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