Cartas al Director

Crímenes paralelos

El recordado arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, un siervo de Dios al servicio de los pobres que denunciaba las injusticias desde el púlpito en sus homilías, fue asesinado en el altar mayor de la Catedral de San Salvador, cuando oficiaba la misa el 24 de marzo de 1980, convirtiéndose en otro mártir de la Iglesia católica, por defender las libertades públicas y la justicia social.

En Nicaragua ayer lunes 20 de agosto se cumplió un año del asesinato del sacerdote católico Marlon Ernesto Pupiro García, quien inspirado en el evangelio de nuestro señor Jesucristo, tomó el ejemplo de monseñor Oscar Arnulfo Romero, porque también criticaba los actos de corrupción, injusticias sociales, fraudes y malversación de caudales públicos. Esto le granjeó el odio de algunos ciudadanos, quienes han sido receptivos al odio que le inculcan doctrinas totalitarias y como resultado, los conduce a cometer crímenes.

El sacerdote católico nicaragüense fue víctima de ese odio inculcado a través de mensajes alienantes y masificantes, urdidos por mentalidades maquiavélicas, con el propósito de producir odio. Después del asesinato al sacerdote Marlon Ernesto Pupiro García, se inventaron unas series de tramas tan absurdas como en los cuentos de Ripley.

El supuesto asesino, un hombre casi mudo con nombre Yasker de origen alemán y apellido Blandón, quién padece de hernia en la columna, bajó y subió el cadáver del sacerdote, paseando con él —desde el lugar donde supuestamente lo asesinó—, como un paseo novelesco, una mentira que no se la cree nadie.

El crimen de un siervo de Dios, se repitió, no solo en San Salvador, sino también en el poblado de La Concha, Nicaragua, donde sus habitantes que conocieron al sacerdote, con dolor en el alma a un año de su cobarde asesinato, aún lloran su partida.

Por eso los pobladores de La Concha y todos los católicos de Nicaragua, decimos: “El Señor es mi salvador, él hará justicia”. Hacemos un llamado a que no se siga fomentando más el odio, al no castigar a los culpables se puede seguir cometiendo otros asesinatos, las pintas en la Iglesia católica de Telica y ataques a los sacerdotes. Lo que nuestro señor Jesucristo castigará inexorablemente.

Luis Solórzano, Granada

Dia Mundial de la Ayuda Humanitaria

El pasado 19 de agosto celebramos el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. Hace nueve años, en un día como este, el representante especial en Irak del secretario general de las Naciones Unidas, Sergio Vieira de Mello, y 21 de sus compañeros de trabajo fueron asesinados en el atentado con bomba a la sede de esta institución en Bagdad. Es un día para rendir solemne homenaje a todo el personal humanitario que ha trabajado en defensa de la causa humanitaria y en ello han perdido la vida.

El atentado con bomba al Hotel Canal cambió de modo irreversible la situación de seguridad en que realizan sus tareas los trabajadores humanitarios. El trabajo humanitario es uno de los oficios más peligrosos del mundo. Los secuestros, disparos y amenazas de muerte forman parte, con demasiada frecuencia, de la descripción de su trabajo en lugares castigados por los conflictos, como Sudán, Siria y Somalia. Los trabajadores humanitarios están expuestos cada vez a mayores riesgos, al tiempo que prestan una ayuda vital a las víctimas de los conflictos y de las catástrofes en todo el mundo. Es inaceptable que estos trabajadores, que prestan un servicio a la humanidad, sean objeto de acoso, secuestro o incluso asesinato.

En la última década se han triplicado los ataques a los puestos humanitarios. Según las Naciones Unidas, desde 2011, 109 trabajadores humanitarios asesinados, 143 han resultado heridos y 132 fueron secuestrados. La inmensa mayoría de estas víctimas no eran trabajadores humanitarios internacionales, sino personas que prestan ayuda en su propio país, trabajando al nivel más cercano de la población local. Los crímenes contra civiles desarmados nunca están justificados. Cuando esos crímenes se cometen contra personas que dedican sus vidas a salvar a otras personas, la injusticia es todavía más patente.

La seguridad y la protección de los trabajadores humanitarios dependen directamente de que tengan acceso seguro a las poblaciones vulnerables y presten su ayuda de modo sostenible. Miles de personas vulnerables pueden quedarse sin apoyo esencial si se suspenden o anulan los programas por motivos de seguridad.

Los trabajadores humanitarios nos hacen sentir cada vez más cercanos unos de otros, recordándonos que somos una sola familia que comparte el mismo sueño de un planeta en paz en el que todos podamos vivir con seguridad y dignidad.

Así pues, el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria es también un día para reflexionar sobre nuestras propias vidas y pensar en qué más podemos hacer para ayudar a las personas que padecen conflictos, catástrofes y penalidades. Dejemos que aquellos a quienes hoy rendimos homenaje nos inspiren para emprender nuestro propio camino y hacer que el mundo sea mejor y nuestra familia humana esté más unida.

Kristalina Georgieva,

comisaria europea

de Cooperación Internacional,

Ayuda Humanitaria

y Respuesta a las

Crisis Unión Europea.

No más guerras

Ya no quiero más guerras en mi linda Nicaragua, he perdido lo mejor de mi vida en estas luchas, perdí a mis mejores amigos, ellos eran pilotos aviadores de la Contra, fueron derribados por los sandinistas que nunca han dicho que hicieron con sus restos mortales, ¡no sé donde quedaron…!

He tratado de averiguarlo y ha sido imposible. También perdí mis propiedades como les pasó miles de personas, perdí mi libertad, pase años preso por Contra, perdí la sonrisa en las prisiones de El Chipote, casi pierdo mi vista y hasta mi vida… Por eso ya no quiero más guerras. Miles de patriotas que soñaron con una Nicaragua libre y democrática también perdieron la suya, no para que Daniel Ortega y su familia hagan una nueva dictadura.

Estoy cansado —y no solo yo—, sino que miles que piensan igual, que nuestra democracia se haya perdido y con ella una nueva dictadura. Ya no debe de haber ni más guerras ni mas dictaduras, sino solamente debe de existir el deseo de todos los nicaragüenses que es aplicar las leyes a los que se robaron las elecciones y violaron la Constitución y que sean castigado conforme la misma.

Creo que así se jura para ser presidente “si cumplieras con la Constitución que la patria os premie sino que os demande”.

Es hora que todos los poderes del Estado también cumplan con las leyes y la Constitución, sin ir a guerras, ¿por qué no ir? Porque ya se vertió tanta sangre para botar a Somoza, después para botar a los sandinistas. Ahora sin derramamiento de sangre simplemente apliquemos la justicia y como no existe pena de muerta aplicarle a los culpables la pena mayor que son 30 años de cárcel y regresarle al pueblo y a sus legítimos dueños sus propiedades. Que prevalezca el respeto a nuestros derechos.

Roberto Amador N.

Uso de palabras chorotegas

De muy interesante se puede calificar el precioso trabajo cultural que hasta el momento ha hecho sobre las raíces de los aborígenes de Matagalpa mi coterráneo amigo, ingeniero e historiador, Eddy Kühl Arauz.

Sobre el particular algo muy curioso es que los matagalpinos o matagalpenses usamos hasta el día de hoy todavía en nuestro lenguaje palabras chorotegas que solamente nosotros sabemos su verdadero significado; pues en otros sitios del interior de Nicaragua nadie las usa al expresarse a menos que sea de Matagalpa; como “chuisle” que significa riachuelo, a lo que en Managua le llaman cauce y en Granada arroyo, por dar un ejemplo.

Salvador Pérez González

COMENTARIOS

  1. Sentido común
    Hace 14 años

    Para No más guerras:
    Debería ser así, que los tribunales los juzguen y sentencien, pero
    esto es como pedirle manzanas al jocote.
    Desgraciadamente solo hay una manera, el mal se arranca de tajo.
    Un cáncer hay que extirparlo todo, si no se vuelve a propagar.

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