Recientemente se han celebrado una vez más los dos tipos de fiestas anuales de Santo Domingo, las religiosas y las paganas que se llevan a cabo simultáneamente. Sobre las fiestas paganas, a las que me referiré únicamente, hay varios secretos enigmáticos que alguien debe conocer.
¿Cómo es que no se acaba la pólvora? Vivir en las inmediaciones de la iglesia Santo Domingo, a fines de julio hasta los primeros días de agosto, significa levantarse de madrugada con sobresaltos al ritmo de los cohetes, las cargas cerradas y los morteros, que también suelen estallarse a cualquier hora del día o la noche sin ningún motivo aparente.
El primer secreto es: ¿De dónde sacan para tanta pólvora que, unos días más intensos que otros durante semanas, no parece agotarse?
El segundo secreto es: ¿Por qué en la bajada del Santo los promesantes bañados en aceite quemado deben cumplir con el ritual de manchar, sin el menor reparo, cada pared y cada columna de la bella Iglesia, lo que año con año cuesta una buena suma a la parroquia, ya que debe ser lavada y pintada completamente. A saber cuántas capas de pintura tiene ya.
La Iglesia debería ser respetada como la casa del Señor y bajo ningún pretexto debería de ser objeto de vandalismo, a como lo es año con año, y a pesar de la queja de los curas durante el sermón, pero nada se puede hacer porque cada año hay quienes se dan a la tarea de ensuciarla y en algunos casos hasta han causado daños a las bancas.
El tercer secreto es: ¿Cómo es que no se les acaba el guaro? Desde antes, durante y después de las fiestas se instalan en la calle en los alrededores de la Iglesia las cantinas ambulantes y la gente humilde que concurre a ellas se emborracha hasta quedar a veces tendida sobre la misma calle de la Iglesia, a pesar de su pobreza.
Así las cosas, unos a la bulla y otros a la cabulla, los delincuentes aprovechan la multitud para hacer lo que saben hacer: sacar las billeteras.
Quizás por eso la Policía Nacional (PN) tiene que trasladar en esos días una unidad móvil dentro un contenedor, que estaciona atrás de la Iglesia para poner el orden y evitar los pleitos que a menudo se degeneran en hechos de sangre.
El 1 y el 10 de agosto son para la PN dos días de gran actividad en la prevención y control del delito en la capital.
No deja de sorprenderme cada año la cantidad de tiempo que se le dedica a estas fiestas, porque no son solo del 1 y el 10, sino 15 días corridos los que se dedica a una u otra actividad con los consabidos cohetes y morteros disparados a cualquier hora del día.
Ojalá que lo que es la fiesta religiosa propiamente, con el paso de los años vaya cobrando mayor preeminencia sobre la fiesta pagana y la pequeña imagen de Santo Domingo sea honrada como el patrono de los managuas, rescatando las tradiciones culturales e históricas, pero dentro de un espíritu católico y de fe cristiana y que la Iglesia que lleva su nombre sea respetada por creyentes y no creyentes.
El autor es diputado por la Bancada Democrática Nicaragüense
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