No puedo sino sentir una profunda pena y un muy grande pesar cuando leo las noticias y la principal controversia es entre el PLI, que dice que se verificó menos del diez por ciento de la población y el Consejo Electoral de Ortega, que dice que fue el 25 por ciento (y ahora el Ipade dice que fue el 15 por ciento). En el peor de los casos, el 90 por ciento y en el mejor, el 75 por ciento de los nicaragüenses no creemos que sirva de nada ir a votar. ¿Por qué será? Solo puedo responder por mí mismo: Yo no me fui a verificar y no pienso ir a votar, para no perder mi tiempo, porque el resultado ya lo tienen listo y nada de lo que yo haga o deje de hacer va a cambiar ese resultado.
Solo algunos ilusos creen que el abstencionismo o la oposición pueden ganarle al FSLN, cuando todos sabemos que, aunque nadie vaya a votar, el FSLN sacará más de cuatro millones de votos o el número que les dé la gana, aunque todas las Juntas Receptoras de Votos tengan más de los 400 votantes que establece la ley, porque de todas maneras no van a publicar los resultados junta por junta, ni hay nadie que se lo exija. Esta es la mejor oportunidad de que Ortega demuestre su vocación totalitaria y antidemocrática y cumpla su palabra de dejar un partido único y que todos los concejales y alcaldes sean del partido orteguista, como creen que se lo merecen todos los que se arrastran a sus pies.
Esta verificación debería de dejarle claro a los dirigentes del PLI de que no tienen ninguna credibilidad cuando dicen oponerse a los planes de Ortega ni cuando hablan de defender el voto las mismas personas que no lo defendieron antes, porque ellos mismos hablan de un fraude en las elecciones presidenciales y de diputados y, sin embargo, asumieron sus curules, quizá solo por razones financieras. Si el PLI quiere recuperar credibilidad y demostrar honor no debe participar en las elecciones, aunque pierda la personería jurídica, que también la perdió en tiempos de Somoza y por esa misma gallardía Somoza desapareció y el PLI permanece, porque los hombres pasan, pero las ideas perduran y en Nicaragua tenemos ideales de libertad individual, de culto, de empresa; ideales de igualdad ante la ley, sin ciudadanos de segunda e ideales de justicia social, donde todos tengamos la oportunidad de buscar la felicidad sin hacerle daño a nadie.
La misión de todo partido político es la toma del poder para impregnar al Estado de su ideología. Si ese objetivo no puede cumplirse, de nada sirve tener personería jurídica. El Estado debería de servir para unir tantos vigores dispersos, si así fuera, los millones de millones de dólares que ha recibido Nicaragua en préstamos y donaciones, deberían tenernos como la mejor economía, al menos de Centroamérica, pero los muchos depredadores del erario público nunca lo van a permitir tenemos que arrebatárselo y darle gloria a Nicaragua. Clamemos a Dios para que perdone nuestros pecados y sane nuestra tierra.
El autor es Cirujano General y vicepresidente PLI-Managua.
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