Cincuenta años se ha cumplido del fallecimiento de una de las mujeres más famosas del mundo como lo es la actriz norteamericana Marylin Monroe, que fue encontrada muerta el 5 de agosto de 1962, cuando tenía 36 años.
Marylin pudo haber fallecido por asesinato ordenado por poderosos círculos de poder, pero la versión más conocida es suicidio por haber ingerido barbitúricos.
En los días posteriores a esta muerte, ampliamente divulgada, cerca de cien personas de Estados Unidos, en especial jóvenes, adoptaron una conducta autodestructiva suicidándose. Es el llamado suicidio de imitación.
En nuestro país se suicidaron 1,353 personas en el octenio (2001-2088), a razón de 169 por año, en un 76 por ciento de los casos se trataba de un masculino de entre los 15 y 45 años, impulsado por causas desconocidas, pasionales o familiares, en su mayoría sobrio y utilizando en primer lugar estrangulamiento seguido de productos químicos.
En Nicaragua el jurista Sergio Cuarezma Terán calificó algunos medios de “criminógenos”, porque al detallar hechos dolorosos o delictivos dejaban expedito el método de reproducción de estos actos.
Tristemente célebre fueron los titulares del uso de la pastilla de curar frijoles (fosfina) tildada como “la pastilla del amor” y que todavía se encuentra en el comercio.
Recordemos que el suicidio es un acto mortal con intención autodestructiva más o menos consciente. El comportamiento suicida o la tendencia suicida son partes del proceso suicida que conlleva ideas suicidas, comportamiento autodestructivo y culmina con el suicidio.
La información y exhibición dramática del comportamiento suicida por los medios de comunicación puede facilitar los actos suicidas en otras personas.
Hace 210 años Goethe escribió una novela llamada La tristeza del joven Werther , que fue muy difundida. En la misma el protagonista se quita la vida, lo cual fue muy imitado, al extremo que la obra fue prohibida. Se acuñó el concepto de “efecto Werther”.
La televisión es la que influye más en el suicidio imitativo. Así se vio en Alemania y en Viena con series de televisión, donde el protagonista se quitaba la vida arrojándose en las vías del tren o del metro.
Después de la muerte de Marylin Monroe el índice de suicidio en Estados Unidos aumentó diez por ciento durante los diez años siguientes.
La responsabilidad social de los medios de comunicación con respecto al suicidio y la salud mental en general requiere de “comprensión sensible de la intención suicida” y colaborar con la prevención favoreciendo intervención temprana activa.
Las noticias de suicidios deben ser directas, no dramatizadas y sin incluir detalles de los medios utilizados.
La experiencia del Centro de Control de enfermedades (CDC) de Estados Unidos en la prevención suicida destaca existencia y funcionamiento de líneas telefónicas de ayuda, control de métodos de suicidio, sensibilizar a periodistas y medios, maestros, tutores en general y médicos.
Los pesquisajes para detectar a personas con enfermedad mental y la creación de mejores condiciones integrales de vida, estudio y trabajo favorecen mejor salud mental que previene estas dolorosas pérdidas.
El suicidio puede ser evitado. No debemos olvidar que si una puerta se cierra Dios siempre nos dejará abierta una ventana o una rendija.
El autor es especialista y profesor de Medicina Interna.
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