El general retirado, Humberto Ortega, advirtió en la conmemoración del 25 aniversario de los Acuerdos de Esquipulas II que sin respeto a la Constitución y al Estado de Derecho el proceso de paz tendrá “serios problemas”. Y agregó que “hay que exigirle a la clase política, por medio de diferentes medios de presión, que “cumplan con la Constitución , que respeten el Estado de Derecho y que respeten las libertades por las que fuimos a morir”.
Es obvio, a nuestro juicio, que el mensaje del general retirado Humberto Ortega va dirigido ante todo a su hermano Daniel, quien detenta actualmente el poder de manera inconstitucional. Pero lo que ha dicho el general Ortega no es nuevo ni es él la primera persona que lo dice. Es lo mismo que han planteado, con otras palabras y distintos tonos, dirigentes de la oposición, representantes de la sociedad civil, líderes empresariales, los obispos católicos, pastores evangélicos independientes y los medios de comunicación libres que aún quedan en el país. Incluso lo han dicho diplomáticos extranjeros y representantes de organismos internacionales que se preocupan por la suerte de Nicaragua.
Lo novedoso de que también el general retirado Humberto Ortega tenga esta preocupación y haga el mismo llamado, es que se trata del hermano del presidente inconstitucional de Nicaragua. Además, es alguien que cuando era el máximo dirigente militar del régimen sandinista de los años ochenta, al clausurar el acto oficial de recibimiento a los brigadistas de la campaña sandinista de alfabetización el 23 de agosto de 1980, proclamó que en Nicaragua no habría jamás elecciones para rifar el poder, porque el pueblo ya había votado el 19 de julio de 1979 y elegido para siempre al FSLN. Y en otra ocasión, el general Ortega expresó que no habría suficientes árboles en el territorio de Nicaragua, para colgar a los contrarrevolucionarios y a todos los adversarios de la revolución sandinista.
También es imposible olvidar que cuando el Frente Sandinista entregó el gobierno, en abril de 1990, después de las elecciones libres que se realizaron por mandato de los Acuerdos de Esquipulas II, el general Humberto Ortega se resistió a entregar el mando del Ejército, hasta que la presidenta democrática doña Violeta Barrios de Chamorro logró mandarlo a retiro, en 1995, de acuerdo con lo establecido en el nuevo Código Militar.
Ahora, alejado del poder político y a todas luces distanciado de su hermano Daniel que detenta otra vez la presidencia de Nicaragua, el general Humberto Ortega se dedica a reflexionar y a escribir sus recuerdos, e impulsa una corriente de pensamiento político que él llama “el centrismo”, la cual concibe como un eje que podría ayudar a resolver las contradicciones inevitables entre izquierda y derecha, en beneficio de la nación.
Y sin duda que sería muy útil para el país que Daniel Ortega atendiera los buenos consejos de su hermano menor, sobre todo el de que respete la Constitución Política para que garantice que vuelvan a haber elecciones libres y limpias en Nicaragua.
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