Sobre las celebraciones a Santo Domingo algunos afirman que va contra el mandamiento bíblico de Éxodo 20.1-6 y Deuteronomio 5.6-10: Debemos adorar solo a Dios. Los pueblos paganos tenían varios dioses y hacían imágenes de ellos para adorarlos. La Biblia manda no hacernos imágenes de otros dioses para postrarnos en adoración ante ellas.
Pero hacer imágenes “para adorarlas” es diferente a tenerlas para otros fines. Las naciones hacen monumentos de sus próceres y héroes. Las personas tienen imágenes (cuadros, fotos, vídeos) de sus seres queridos. Nadie las usa para “adorarlas” como a Dios. Asimismo, la Iglesia tiene imágenes de sus “héroes” que son los Santos: hombres y mujeres dignos de imitar por su ejemplo. No para adorarlos como a Dios.
Cuando se rinde “culto” a Santo Domingo (o a otro Santo) no es igual que el “culto a Dios” a que se refieren los pasajes bíblicos. A Dios se le adora, a un Santo se le venera como en la vida común tenemos admiración, respeto y veneración por diferentes personas de buenas cualidades. El culto de adoración es exclusivo de Dios. La veneración a la Virgen María y a los Santos no es “culto de adoración”.
Los cristianos católicos, evangélicos y ortodoxos pedimos a otros hermanos que “oren por nosotros”, que intercedan ante Dios por nosotros. Así como puedo pedir a un hermano de mi parroquia que “ore por mí”, puedo pedírselo a Santo Domingo, según dice la Biblia en numerosos pasajes como en Santiago 5.16b: “Oren unos por otros para ser sanados; la oración del justo tiene mucho poder”.
Santo Domingo es un hombre justo, Santo, y se le pide interceder (orar) ante Dios. No se le pide a su imagen o estatuilla, sino a quien representa, a él personalmente que está con Dios en el Cielo. Los milagros los hace Dios. Eso no es idolatría, es bíblico. Si le pedimos oraciones (interceder) a un hermano de este mundo, ¿por qué no a quien está más cerca de Dios, en el cielo?
Si celebramos los cumpleaños y homenajeamos a parientes, amigos y personajes que aún están en este mundo, ¿por qué no homenajear a quienes viven en el cielo, admiramos y queremos?
Otra cosa son las desviaciones que se dan; errores debido a la ignorancia que hay que corregir y enérgicamente. Como también las borracheras y otras costumbres que obedecen a tradiciones que se mezclan con lo que es propio del catolicismo. Hay que saber diferenciar una cosa de la otra.
Santo Domingo de Guzmán (1170-1221) es un sacerdote español con un inmenso amor a los pobres y un ferviente deseo de proclamar la Palabra de Dios, quien fundó la Orden de los Predicadores (dominicos) para difundir el Evangelio. Después de su muerte corporal fue reconocida su vida de santidad canonizándolo el papa Gregorio VI en 1234. Él no es Dios y no se le adora, pero es un justo cuya oración es poderosa para interceder ante Dios por nosotros (Santiago 5.16b) y se le “venera” por su vida de santidad.
El autor es abogado y periodista.
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