Lucydalia Baca Castellón
Carmen, como afanadora en una empresa en Managua, y su compañero Andrés, chofer en un negocio en Chontales, juntan cada mes unos 10,000 córdobas con sus salarios. La prioridad es garantizar la comida de sus dos hijos que viven con la abuela materna en Acoyapa.
Esto les consume al menos la mitad del salario. “Además, hay que dejar algo para los gastos que salen casi todos los días en la escuela”, cuenta Carmen.
Con la otra mitad ella sobrevive en la capital, donde a cambio de una pequeña “ayuda” una tía le da “posada” durante la semana. Andrés por su parte colabora con “los gastos” en casa de una de sus hermanas donde pasa la semana.
No existen estudios ni cifras oficiales, pero representantes de diversas tendencias políticas coinciden en que los trabajadores nicaragüenses deben invertir más de la mitad de su salario en gastos de alimentación. Esto les impide cubrir otras necesidades básicas como alquilar una casa o comprar vestuario.
[/doap_box][doap_box title=»Comen subsidiados» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Además, la Empresa Nacional de Alimentos Básicos (Enabas) ha instalado puestos de distribución donde se venden paquetes de 15 libras de arroz, 5 de frijol, 5 de azúcar, 3 jabones y medio galón de aceite, por un total de 290 córdobas.
[/doap_box]
MÁS DEL 70%
Pedro Ortega, secretario general de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Zona Franca, afiliada a la Central Sandinista de Trabajadores (CST), detalla que en la maquila un trabajador devenga entre 2,500 y 2,880 córdobas por catorcena, incluidos los incentivos por producción y horas extras. A través de estudios han determinado que “más del 70 por ciento del salario va directo a la alimentación”.
Según Álvaro Leiva, secretario de Asuntos Laborales y Derechos Humanos de la Federación Democrática de Trabajadores del Servicio Público (Fedetrasep), a través de un estudio constataron que un trabajador público con un núcleo familiar compuesto por cuatro miembros necesita 6,368 córdobas para comprar solo alimentos de dicha canasta básica. Esa cifra es similar al salario promedio que recibe el sector.
“Tal dato es alarmante, ya que no les alcanza cubrir el resto de los 30 productos no alimentarios que son ropa, calzado, alquiler, gas butano, luz eléctrica, agua y transporte colectivo”, afirma.
Para el secretario general de la Confederación General de Trabajadores Independientes (CGT-i), Nilo Salazar, la situación se agrava en dependencia del cargo que ocupa el trabajador, ya que no todos ganan lo mismo, pero el precio de la “canasta de alimentos es igual para todos”.
Considera que la situación es tan dramática que un ayudante de construcción gana 162 córdobas por día y un almuerzo en la obra lo menos que le cuesta son 40 córdobas. En el caso de los oficiales, su salario diario es de 227 córdobas, por lo que se les dificulta menos comprar su comida. “Por eso es muy común en las obras ver a los trabajadores en un rincón comiéndose sus frijolitos y su arrocito aunque sea frío”, señala.
“ECHARLE LA VACA”
El sociólogo Cirilo Otero prefiere utilizar el término de referencia internacional “canasta de bienes y servicios”. Considera que “por la dispersión que hay en los nueve tipos de salario mínimo, generalmente en promedio una persona que está alrededor de los salarios mínimos establecidos puede conseguir alrededor del 47 por ciento del volumen de una canasta de bienes y servicios… De tal manera que en una familia empobrecida tienen que trabajar varios en la casa para echarle la vaca y poder comprar una canasta completa”.
Para Otero las carencias que provoca el alto gasto en alimentación desestabiliza a la familia y hace a las personas dependientes del colectivo familiar. “Por eso es que en Nicaragua nosotros encontramos familias multiparentales, porque la gente se tiene que juntar para poder sobrevivir, para poder comer”, afirma.
El especialista considera que estas carencias tienen implicaciones sociológicas, políticas y hasta de derechos humanos, porque “la alimentación y la estabilidad en los ingresos en un hogar es un derecho humano que está contemplado en la declaración universal”.
INCIDE EN LA INSEGURIDAD
Además, recuerda que se debe tomar en cuenta que el 53 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) está en el sector informal.
Existe “un montón de gente en la calle haciendo cualquier locura y cualquier chochada para percibir un ingreso y poder medio comer por día… No son trabajos productivos, no son trabajos serios, no son trabajos formales. Y eso induce al trabajo mal remunerado y al trabajo inseguro”, añade.
Lo más preocupante es que esta situación desemboca en la inseguridad ciudadana, “porque la gente anda buscando cómo robar para satisfacer sus necesidades. Esto tiene un efecto sociológico que se multiplica de manera negativa en la sociedad, que no tiene ingresos suficientes o no tiene en qué subsistir”, enfatiza.
Los representantes de los sindicatos coinciden además en que otra de las consecuencias es que los trabajadores se ven obligados a caer en manos de prestamistas usureros y viven “eternamente endeudados”.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 C ,1 C