El acuerdo de Esquipulas, Guatemala, firmado en 1987 como parte de una iniciativa de paz del presidente Oscar Arias, significó el fin de las guerras civiles que promovidas por la dictadura sandinista en Nicaragua, financiada por Rusia, y la Contra por Reagan de USA, habían ensangrentado Centroamérica, paralizado el desarrollo y aumentado la pobreza.
Con el desarme de las milicias y la reducción de ejércitos, se imponía la obligación de reinstaurar la democracia y realizar elecciones libres y vigiladas. Se creó el Parlamento Centroamericano, cuya función principal era velar por los acuerdos de paz y desarrollo para la paz y democracia en Centroamérica. Hay un párrafo que particularmente llama la atención y está en el acuerdo de Esquipulas II: “Dedicar a las juventudes de América Central, cuyas legítimas aspiraciones de paz y justicia social, de libertad y reconciliación, han sido frustradas durante muchas generaciones, estos esfuerzos de paz”. De este acuerdo se derivó la elección libre que ganó Violeta Chamorro de la UNO en 1990 y se inició la recuperación económica, la integridad territorial, la indemnización por propiedades confiscadas, y se definieron las principales fuerzas políticas de Nicaragua: el frentismo y el liberalismo.
25 años después el frentismo, dominado por su facción extremista, controla el poder electoral, el judicial y el legislativo con tres fraudes electorales consecutivos y obedece a un caudillo —familia que por dedazo maneja sus marionetas en los municipios—. El Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) ha sido relegado del espacio político. La primer tarea de Ortega fue quitar personería al MRS y relegarlo lo más posible hasta que el pueblo sandinista fuera obligado a votar por lo que siempre despreció, un partido fascista. El MRS no ha tenido espacios para acoger a los cientos de miles sandinistas que están en desacuerdo con un partido fascista. El MRS hubiera dado al frentismo el verdadero perfil de desarrollo sostenible hacia el cual la izquierda con liderazgo ha evolucionado en Latinoamérica, incluido el FMLN en El Salvador.
El liberalismo, quien unido no bajaba de 56 por ciento, cayó en popularidad por el rol de desprestigio y pactismo al que se dedicó Arnoldo Alemán. Al presidente Bolaños el mismo liberalismo no lo dejó trabajar. Se dividió en PLI, PLN, ALN, Vamos con Eduardo, etc.
El Parlamento Centroamericano se convirtió en una forma de compensar a diputados retirados. No tiene efectividad, fuerza ni influencia alguna. Un parlamento que hasta el momento no ha dicho nada sobre los fraudes electorales de Ortega, o el golpe de Estado en Honduras, a pesar de ser la vigilancia y defensa de la democracia la naturaleza de su fundación.
Centroamérica sigue en una situación social precaria, los niveles de pobreza siguen altos, la violencia de las maras, del narco y del crimen organizado son los más altos a nivel mundial. La escolaridad de nuestro pueblo es la misma desde hace 25 años.
Las generaciones de jóvenes de hoy heredan una nueva dictadura. Verán pronto apagadas sus aspiraciones de prosperar en paz, porque el futuro que se avecina es de oscuridad fascista y de resistencia contra la nueva dictadura. No se puede mantener una dictadura sin llevar a su pueblo a la resistencia y represión. ¿Cuántas generaciones más se perderán en la pobreza, el desempleo, o en la crueldad de la resistencia para recuperar la democracia en Nicaragua, en lugar de buscar sus aspiraciones de libertad y desarrollo en escuelas, colegios, universidades y en el trabajo digno?
El autor es ingeniero.
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