
César Ubeda Bravo
A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, conocido como Esquipulas II, Daniel Ortega sigue conculcando los derechos de los nicaragüenses, consideró Mauricio Díaz, quien fue integrante de la Comisión Nacional de Reconciliación en los años ochenta.
“Ortega ha conculcado un genuino proceso de reconciliación nacional que pasa por establecer una Comisión de la Verdad, encargada de recuperar la memoria histórica de la nación nicaragüense, así como el respeto a la democracia representativa y participativa, entendida como respeto a la voluntad mayoritaria del pueblo y el respeto al principio de alternabilidad en el poder”, opinó Díaz.
Según Díaz, “Ortega tiene un saldo rojo con el pueblo nicaragüense, porque en vez de cumplir lo que firmó con la sangre de miles de compatriotas, ha retorcido dichos compromisos, pervertido los valores de la democracia y restringido la libertad ciudadana”.
Los Acuerdos de Paz (Procedimiento para Establecer la Paz Firme y Duradera en Centroamérica) o Esquipulas II, fueron firmados el 7 de agosto de 1987 en la ciudad de Esquipulas, Guatemala, como una iniciativa del presidente guatemalteco, Vinicio Cerezo.
Dichos acuerdos fueron rubricados por los presidentes de Guatemala, Vinicio Cerezo; de El Salvador, Napoleón Duarte; de Honduras, José Azcona; de Nicaragua, Daniel Ortega, y el de Costa Rica, Oscar Arias.
ORTEGA TUVO QUE ADELANTAR ELECCIONES
“Ellos (los mandatarios) firmaron una serie de compromisos en materia de amnistía, cese al fuego, democratización y elecciones libres, para superar la guerra que destruía Nicaragua, El Salvador y afectaba dramáticamente a Guatemala y a la región en su conjunto. Para ello se demandaba la puesta en práctica de un proceso real de reconciliación nacional; el respeto irrestricto de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, entre los que se destacaban: la libertad de expresión, de movilización, de militancia política en los partidos de su preferencia; a disentir, a escoger un nuevo gobierno”, recordó Díaz.
Producto de la firma de Esquipulas II, el gobierno de Ortega de los años ochenta tuvo que levantar el estado de emergencia, derogar los tribunales de excepción, reabrir medios de comunicación clausurados por la guerra; otorgó indultos y amnistías parciales; derogó leyes represivas como la ley de funciones jurisdiccionales de la policía sandinista y la ley de mantenimiento del orden y la seguridad pública.
“Además suspendió temporalmente el Servicio Militar Obligatorio y adelantó las fechas para las elecciones generales de 1990”, puntualizó Díaz.
En Nicaragua hubo una Comisión Nacional de Reconciliación presidida por el entonces obispo de la Arquidiócesis de Managua, Miguel Obando y Bravo. Su suplente era monseñor Bosco Vivas. Por el gobierno estaban Sergio Ramírez y René Núñez, mientras que por la oposición Mauricio Díaz y Erick Ramírez.
Completaba esta comisión un ciudadano notable, Gustavo Parajón y su suplente, Gonzalo Ramírez.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 A