Ramón H. Potosme
Regresó la “champa por la dignidad”. Ocho jóvenes decidieron irse a vivir frente a la sede nacional del Consejo Supremo Electoral (CSE) en dicha champa, en protesta porque haya cambios en ese poder del Estado al que señalan de corrupto e insostenible.
Al mediodía, estar bajo la champa de material sintético es una tortura. En esa casa de campaña que ellos llaman la “champa de la dignidad” dormirán los jóvenes en los próximos días si no son expulsados del sitio. La mayoría de ellos sostuvieron una huelga de hambre por más de veinte días en el mes pasado a pocos metros de ahí.
Entonces la única reacción gubernamental a su demanda fue el asedio y la violencia pues la madrugada del 19 de julio fueron expulsados del predio donde se ubica el monumento a Benito Juárez justo frente al CSE.
Carlos Bonilla, uno de los demandantes, llamó a que se sumen más personas y que no se irán hasta que haya resultados.
“Hemos decidido venir a vivir aquí”, dijo un joven que se solidarizó con su lucha. Usualmente no se mantiene mucha gente, la champa, más simbólica que numérica, ayer estaba vacía, y los demandantes acampaban en una caseta de la parada de bus.
A la fecha, según Bonilla, las autoridades no les han dicho nada sobre su protesta pues ellos les manifestaron que era una demanda cívica que no invadía el perímetro de seguridad que debían resguardar los oficiales.
El año pasado, decenas de champas de miembros de la Juventud Sandinista se instalaron, no solo en el sitio que hoy ocupan los demandantes, sino en el llamado perímetro de seguridad y nadie les dijo nada. En esa ocasión buscaban evitar las protestas que otros miembros de la sociedad civil hacían frente a ese poder del Estado.
Según Bonilla, esta vez no tendrán identidad de grupo para evitar sectarismo y que la población se sume a su lucha.
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