Magdalena de Rodríguez

“Ficciones malignas”

Así llama Vargas Llosa a uno de sus escritos publicado en El País español y reproducido por LA PRENSA a principios de junio pasado. Según Vargas Llosa son ficciones malignas las que se han lanzado sobre los estados económicos de Europa y los Estados Unidos, prediciendo la decadencia irreversible de ambos continentes, olvidando voluntariamente, que si bien son graves ambas recesiones, también no son insólitas y más aún son históricamente cíclicas.

En Nicaragua, país de ficciones buenas y malignas, no reparamos siquiera en que lo que se publica. Lo que se comenta en calles, mercados, círculos políticos, hogares, escuelas, etc., son ficciones aceptadas tradicionalmente; las buenas: que somos el país más seguro de Centroamérica, y las gentes más inteligentes, que todos los nicas somos poetas, que el cacao y el café nicaragüense son los mejores del mundo, que solo en nuestros lagos de agua dulce hay tiburones; los etcéteras son infinitos, porque el Güegüense es nuestro innegable padre y maestro.

Las ficciones malignas también asoman y se entronizan peligrosamente en todos los medios. Por ejemplo está de moda política decir: “No me siento representado por el diputado de mi departamento”, y lo peor del caso es que se aducen los motivos más impropios y absurdos; que no se mantiene en la calle protestando contra el gobierno ilegítimo; que por cada ley presentada por el ejecutivo no se levantan y abandonan el hemiciclo; no vienen a consolar a los pobres y a traerles ayuda económica, solo cobran su jugoso salario; también los etcéteras son abundantes contra los diputados de la oposición, naturalmente. De los sesenta y dos oficialistas nadie dice nada.

Infortunadamente no existe en Nicaragua un manual de funciones de los diputados y de otros servidores públicos y que se difunda entre la población para conocimiento y satisfacción de todos los maldicentes.

La labor del diputado es hacer leyes, leyes que convengan a las mayorías, derogar las obsoletas o inadecuadas y oponerse a la aprobación de aquellas leyes que contravengan los intereses del pueblo que representan el lugar del representante no es la calle, no es llevar ayuda material al pueblo que lo eligió; esa condición establecida desde el gobierno del doctor Alemán de dotar de cuatrocientos mil córdobas anuales a cada diputado para ser invertidos retribuyendo favores políticos a los electores y a veces nunca satisfactorias dádivas, debería suprimirse porque se presta a suspicacias que empañan la reputación de los representantes.

Mi familia y yo, y muchísimos amigos y conocidos, sí nos sentimos representados por los dos jóvenes diputados Raúl Herrera Rivera y Carlos Enrique Mejía Zeledón, propietario y suplente respectivamente, profesionales ambos, gente nueva, honestos, sin pasado escabroso. Esperamos que continúen trabajando por el bien común.

Quienes han visto y vivido la Asamblea Nacional por dentro, como yo, no podemos esperar ni mucho menos exigir maravillas a los diputados por el solo hecho de haber sido electos. En los primeros años del noventa, al triunfo de la democracia con la UNO éramos mayoría en la Asamblea y muchas esperanzas y buenas instituciones se quedaron en eso, intenciones. Hoy con una mayoría abrumadora, aunque espuria, la esperanza de una gestión preponderante de parte de la bancada opositora se ve disminuida, casi nula. Tiene el diputado democrático un poder solo simbólico. Ciertamente que la bancada oficialista, al decir de los analistas políticos es de calidad mediocre, pero es mayoría y por su mediocridad obedecerá más dócilmente los lineamientos del ejecutivo y eso es grave y destructivo para la autonomía que debería ejercer el poder legislativo y donde podrían incidir los diputados democráticos. Debemos ser justos y esperar de ellos lo justo: presencia oposición cerrada a leyes leoninas y los votos en contra que quedarán registrados en el diario de debates.  

La autora es profesora, fue diputada nacional

COMENTARIOS

  1. Denso
    Hace 14 años

    Yo si creo que los diputados son los culpables de la debacle que sufre Nicaragua;teniendo el poder de cambiar las cosas,siempre se han dejado manipular por sus respectivos caudillos,y en el peor de los casos siempre se han dejado manipular por ortega y sus secuases;no se sabe exactamente si por dinero o por miedo por la fama de asesinos que tienen ortega y sus secuases;asi que no me venga con el cuento de que los diputados son palomas de SanNicolas;tienen culpa igual que ortega,del atraso de Nic

  2. Denso
    Hace 14 años

    Yo si creo que los diputados son los culpables de la debacle que sufre Nicaragua;teniendo el poder de cambiar las cosas,siempre se han dejado manipular por sus respectivos caudillos,y en el peor de los casos siempre se han dejado manipular por ortega y sus secuases;no se sabe exactamente si por dinero o por miedo por la fama de asesinos que tienen ortega y sus secuases;asi que no me venga con el cuento de que los diputados son palomas de SanNicolas;tienen culpa igual que ortega,del atraso de Nic

  3. Eddy
    Hace 14 años

    Por respeto es mejor no decir nada..

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