Jorge A. Huete Pérez

Homenaje a un ilustre científico

La Academia de Ciencias de Nicaragua rindió homenaje este 30 de julio al doctor Pedro Álvarez, ilustre científico nicaragüense radicado en los EE. UU. Se celebró en forma simbólica pero con la más alta solemnidad la labor de un compatriota que ha brillado como científico, habiendo recibido un sinnúmero de premios en el extranjero y que la Academia de Ciencias ha exaltado en el ámbito universitario por sus aportaciones al conocimiento y la cultura científica, un justo reconocimiento que estaba faltando en su país de origen.

Las investigaciones del profesor Álvarez se centran en la sostenibilidad ambiental por biorremediación de acuíferos contaminados, el destino y transporte de productos químicos tóxicos, la huella hídrica de los biocombustibles, la interacción entre planta y microrganismos, la biorremediación médica, y las implicaciones y repercusiones ambientales de la nanotecnología.

Un aspecto curioso de la carrera del doctor Álvarez es que, graduándose de ingeniero civil, título obtenido de la universidad de McGill, en Canadá, posteriormente se reorientó hacia la ingeniería ambiental. Aunque para cualquiera este es un giro de 180 grados, a este hombre de mente ingeniosa y de vigorosa capacidad creativa se le antoja de lo más natural.

Quisiera destacar dos grandes virtudes del homenajeado que son indispensables para el éxito científico: su excelente desempeño en un medio multi y transdisciplinario —desde la nanotecnología hasta el cambio climático— y su generosidad en compartir sus conocimientos. El éxito del profesor Álvarez debería darse a conocer entre los jóvenes para que se interesen por comprender su obra virtuosa, la utilicen como modelo y les sirva de estímulo en su esfuerzo profesional, y para enfrentar las dificultades que implica investigar en un país con una ciencia incipiente y carente de recursos.

Si bien el quehacer científico como profesión es de data reciente, a estas alturas ya se puede hablar de la institucionalización de la ciencia en Nicaragua, un proceso facilitado y financiado por la cooperación extranjera desde los ochenta, varios años después de que el doctor Álvarez emprendiera su carrera científica en el extranjero. Antes la ciencia fue un trabajo apenas de naturalistas extranjeros o de unos pocos genios nacionales. Desde entonces se han dado pasos importantes. Las universidades públicas han puesto en marcha una serie de acciones tendientes a la mejora de la calidad. El componente de ciencia y tecnología es ya mencionado habitualmente como parte del lenguaje oficial y de la esfera política. Los planes del Gobierno de organizar un Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología, y de proponer una Ley y una Política de Ciencia y Tecnología demuestran que el Gobierno tiene plena conciencia del importante valor de la investigación.

Organizar una política de Ciencia y Tecnología no es tarea fácil y no es competencia exclusiva del Gobierno, por lo que debe realizarse con la participación de los mejores expertos, fundamentándose en auténticos consensos nacionales. Por otra parte, la experiencia de otros países ha demostrado que el sector privado debe asumir un mayor compromiso en materia educativa, científica y de innovación, si se quiere mejorar la competitividad. Debe cambiarse esa cultura en que la inversión en estos rubros es tarea exclusiva del Estado.

A la vez que es alentador ver avances en ciencia y tecnología, también es importante reconocer las dificultades. Todo el esfuerzo desplegado por las universidades investigadoras, aunque unas cuantas, depende en buena medida de la calidad de sus profesionales. Su trabajo abnegado y comprometido ha de conllevar a que nuestros jóvenes puedan colocar el nombre de la Patria en el mapa mundi de la ciencia como lo hiciera nuestro compatriota el profesor Álvarez. Si Nicaragua ha dado frutos de la categoría del doctor Álvarez, debemos estar persuadidos del potencial cultural de esta nación y de lo tanto que se podría alcanzar con un país esforzado en sus aspiraciones de prosperidad y consolidado institucionalmente.

Hace poco conocimos que al doctor Álvarez se le había concedido el Premio Clarke, que otorga el Instituto Nacional de Investigaciones del Agua (NWRI) de Estados Unidos por “su liderazgo mundial y sus contribuciones al fortalecimiento de la sostenibilidad de los recursos hídricos a través del control de la contaminación”. Quienes le apreciamos nos sentimos especialmente satisfechos por dicho honor y reconocimiento tan merecidos.

Toda institución demuestra reverencia a sus miembros destacados en integridad y sabiduría. La Academia de Ciencias desea expresar su profunda estimación por el ejemplo vivo que representa la trayectoria de vida del doctor Álvarez para la juventud nicaragüense actual y para las futuras generaciones de científicos.

El autor es doctor en biología molecular.

COMENTARIOS

  1. Omar
    Hace 14 años

    Alvarez es una cientifico de verdad………lamentablemente huete es muy egocentrico y vanidoso….cree que solo el existe en el mundo y no es asi………..segun el solo pueden hablar con Charles Darwin en su oficina………felicidades al Dr. Alvarez por poner en alto en nombre de Nicaragua, ojala nunca se averguence de su origen.

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