La revolución traicionada
La revolución que nació el 19 de julio de 1979, supuestamente para efectuar “transformaciones a fondo”, quedó aplicada a una simple teoría, y el pueblo que dio el aporte de su lucha, y de su heroísmo, lo único que alcanzó fue una aplastante frustración porque pudo más la ambición de los oportunistas que la buena fe de los sensatos que buscaban en ella lo que esta última pudo haberle dado al pueblo: un cambio en democracia que viniera a sepultar los grandes males que el país vivía, pero esa situación resultó mínima para lo que se vino a dar, y de lo cual no se ha podido salir.
Todo el afán fue sacar a Somoza del poder para que se montaran nueve comandantes que no dispararon un solo tiro con un “modelo” de gobierno que no era aplicable a Nicaragua, mucho menos que tuviera una aceptación con tiempo indefinido. Los sandinistas llegaron a la cúspide del mando ebrios de júbilo, pero no pudieron cumplirle al pueblo porque traicionaron la Revolución burlándose de todo lo contenido en el pacto de San José de Costa Rica, y la desviaron para beneficio propio.
A 33 años de aquella gesta supuestamente libertaria, todo sinónimo de “esperanza” se ha perdido. El pueblo no quiere saber nada de Revolución porque esta nomás se quedó engavetada como se engavetan los juicios pendientes de fallo que obran en mano de los tribunales. Se depuso al dictador de la West Point, ofrendando sangre y vida, pero vino otro mucho peor que Somoza. Un sustituto que lo ha superado destruyendo al país en todos sus conceptos, y devaluando la moral pública, porque los valores se han acabado, como se extingue todo lo bueno que la vida nos ofrece en el caminar de la historia.
La República se mantiene acechada a muchos desafíos; el terror camina de la mano con las interminables secuelas del “crimen organizado”, y aquella Revolución que vino en los brazos del pueblo queriendo redimir a la sociedad se tornó en una pésima referencia para quedarse sepultada en los escombros del desengaño.
Los sandinistas-orteguistas mañana celebrarán lo que no tiene sentido. Todo lo bueno que la misma Revolución pudo haber traído se ha escapado por las ventanas del tiempo, y nadie que disponga de una lúcida madurez puede seguir abrigando confianza por un sistema político que únicamente beneficia a la pareja presidencial, a su familia, y a los satélites que le rodea como “fieles” allegados. Para ellos nació la Revolución; para los oportunistas que siguen explotando los bienes del Estado, haciendo de este último un fabuloso patrimonio, mientras el pueblo que quiso ser liberado, en la aurora de un verdadero amanecer, camina sobre su mismo calvario hacia el Gólgota moderno de la esclavitud, donde la extrema pobreza y las desigualdades se vuelven una rutina de rigor.
El 19 de julio ya no tiene espacio en la conciencia del pueblo. Lo que se quiso construir en los albores de un cambio esperado, se vino al suelo como suelen desplomarse las ilusiones por algo que se persigue, pudiendo más las frustraciones, que los objetivos inconclusos.
Hugo Ramón García, periodista de Somoto.
El principio del fin
Somoza abandonó el país el 17 de julio de 1979, un día de alegría nacional, los que estábamos en los refugios y en nuestras casas y no participamos para nada en la guerra bajamos a la ciudad de Matagalpa para ver los destrozos. El 19 de julio se reunieron los combatientes en el parque Darío, ahí estaban dos guerrilleros históricos que tenían muchos años de andar en la clandestinidad; “Puna” y “Charles Bronson”, quienes dirigieron la liberación de Matagalpa bajo el mando de “Chepe León”.
“Puna” con su inseparable y lodoso Falt de los que envió Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, demacrado, sucio y con botas de hule, “Charles Bronson” con su vieja escopeta no tenía nada que envidiarle al comandante “Puna”, al lado derecho del centenar de combatientes estaba formado un pequeño pelotón de “impecables”, todos con uniformes verde olivo nuevecitos, botas militares brillantes, en posición de combate y con cara de pocos amigos, apretaban en su pecho un fusil nunca antes visto, el Galil israelí, una poderosa ametralladora que la guardia dejó abandonada cuando se dieron cuenta que serían derrotados por el pueblo cansado de los 45 años de la dictadura somocista. Entre el “selecto grupo de combatientes brillantes” estaban varios que habían estado conmigo en el mismo refugio durante toda la guerra, ahí nació el famoso nombre de “los 19 de julio con fusiles vírgenes”.
Al año siguiente y en el mismo lugar Fidel Castro discurseaba largamente y orientaba que la revolución nicaragüense debía ser una copia fiel de la cubana, esto fue el principio del fin de un bonito sueño. “Chepe León”, Bayardo Arce, se convirtió en uno de los hombres adinerados del país. Mientras “Puna” y “Charles Bronson” continúan buscando empleo para sobrevivir y reparar sus históricas y humildes viviendas.
Este 19 se cumplen 33 años de dictadura orteguista, todavía no hay quién se atreva en decirle al dictador que necesita un psicólogo o un psiquiatra para que lo saque de su lunático pensamiento de que el pueblo lo adora. Quizás el sufrimiento que estamos pasando sea por algo bueno, dice la Biblia; todo le ayuda a bien a los que aman al Señor, pero no debemos olvidar que el pueblo tiene el gobierno que se merece.
Leopoldo Villalta López, Matagalpa
Celebración de revolución sandinista
Mañana 19 de julio en Nicaragua se celebrará el 33 aniversario de haber triunfado la revolución popular sandinista por derrocar a la dinastía de los Somoza. Este acontecimiento histórico es imborrable en nuestra historia, al igual, como la revolución liberal, y todos los acuerdos y pactos que han efectuado todos los gobiernos que han pasado por nuestra historia.
Lo importante es que cada 19 de julio centenares de personas, provenientes de distintos puntos del país, se congregan en la Plaza de la Fe o en la Plaza de la Revolución en Managua para conmemorar el hecho histórico de la caída de la dictadura militar de la familia Somoza, y, la celebración del triunfo de la revolución popular sandinista, la cual fue conducida y/o dirigida por el FSLN, donde participaron todos los sectores del país: los obreros, empresarios, campesinos, estudiantes, pueblo en general, los guerrilleros, no solamente fue el FSLN quien empuñó el fusil y se expuso a la muerte y la vida. El mérito se le debe dar a quienes se lo merecen no a quienes no lo merecen, así de sencillo.
La revolución popular sandinista en un inicio fue una evidente realidad palpable y había ganado una enorme simpatía a nivel internacional, y varios países, por lo novedoso de lo que traía la revolución sandinista, pero después vino el desencanto por algunos errores cometidos por el FSLN, que ahora están siendo enmendados, lo cual es lo correcto, y por las embestidas de la contrarrevolución auspiciada por el gobierno de los EE. UU., fue por ello que la Corte Internacional de Justicia de La Haya condenó al gobierno de los EE. UU. a pagar por los daños y perjuicios al pueblo de Nicaragua no al gobierno que esté de turno o al FSLN, siendo la cuenta pendiente de 17 mil millones de dólares, qué más prueba que eso.
Por tanto, todos los lisiados de guerra y afectados por esa contrarrevolución tienen que ser indemnizados con ese dinero que está pendiente y en caso de muerte del afectado le correspondería a sus herederos recibir esa indemnización.
Es necesario reconocer el papel histórico y vigente del pueblo nicaragüense por su inmenso aporte al triunfo de la revolución popular sandinista y porque su lucha sigue siendo una antorcha encendida que ilumina a otros pueblos del mundo, que hoy viven bajo el yugo imperialista y de los imperios capitalistas mundiales.
Mi respeto hoy y siempre a todos los combatientes y pueblo en general que hicieron posible el triunfo de la revolución sandinista y al FSLN. Todos merecemos respeto y consideración.
Bayardo Quinto Núñez
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