Por: Róger Almanza G.
:::¿Qué viene hacer una holandesa a Nicaragua?
En ese momento, hace treinta años Nicaragua era un país del que se tenía mucho orgullo, era el tiempo de la revolución, y vine a Nicaragua por eso, y no para hacer la revolución porque yo no tenía nada que hacer pero yo fui parte de un movimiento político en Holanda solidario con la revolución en Nicaragua. Era interesante venir y ver toda esa organización de la gente.
:::¿Era Nicaragua cómo se lo imaginaba en ese momento?
Por una parte sí, siempre estábamos en actividades. Vivíamos en la casa de una dirigente y nos metía a las reuniones y a las actividades de limpieza en los barrios y cosas así.
:::¿Una chela barriendo la calle en medio de tanto nica?
Si, fíjate que así mismo me decían. Me quedaban viendo raro en algunos momentos (risas). Pero me aceptaron a pesar de que no hablaba español.
:::Nada de español…
Ni papa de español. Vanidosamente pensé que no era importante, entonces había estudiado francés, alemán e inglés y tuve que mezclarlos todos para sacar un poquito de español, pero no fue tan fácil (risas).
:::¿Por cuánto tiempo venía?
Por un año no más… Quería hacer investigación, ver esta organización y trabajar en una revolución en Holanda. Ese era el plan. Pero nunca funcionó y aquí sigo (risas).
:::¿Qué la enamoró de Nicaragua o alguien la enamoró?
(Risas) Fue todo a la vez… A los quince días de estar aquí conocí a un revolucionario de Perú que también estaba en Nicaragua.
:::Y el teatro…
Cuando vine aquí ya habían más de 200 grupos de teatro. Yo había hecho la escuela de teatro en Holanda y aquí todos tenían su movimiento teatral, eso me encantó porque en Holanda jamás se miraba teatro en la calle, todas las presentaciones son en salas de teatro, quizá en verano algunas presentaciones en los parques pero la experiencia aquí en Nicaragua sobre el teatro en las calles era una maravilla.
:::¿Le fue fácil integrarse?
No, para nada. Esa es la parte que te digo que no me gustaba de Nicaragua. Yo fui al Ministerio de Cultura y no me aceptaron trabajar en teatro porque no tenía la carta del comité de solidaridad de Holanda. Había demasiada desconfianza también, hasta pensaron que yo era agente de la CIA.
:::¿Cómo es que se vino sin ningún aval?
Porque nosotros criticábamos al comité. Es fácil ser solidario a dos mil kilómetros de distancia y no hacer nada en el país, eso es lo que criticábamos, y ellos siempre en una oficina bonita con aire acondicionado y calefacción. Para entrar aquí necesitaba esa carta y así en Nicaragua me cerraron las puertas en varias ocasiones.
:::Y cómo lo logra…
Con una amiga holandesa que trabajaba con un grupo de refugiados guatemaltecos, así conseguí la carta.
:::Y el teatro…
Fue ya con los guatemaltecos y fue bien interesante porque podíamos entrar a todos los lugares sin ninguna carta de ningún comité.
:::¿Pero se tenía que regresar a Holanda?
Te juro que ya estaba pensando en quedarme porque miraba que podía trabajar en teatro sin necesidad de ninguna carta. Entré a talleres de teatro con ayuda de un amigo que tenía su grupo en Matagalpa.
:::Me dijo que la confundieron con una agente de la CIA…
Si (risas) fue en esos talleres que alguien decía que yo era de la CIA. Es que preguntaba mucho sobre todo.
:::¿Cómo hizo porque en ese entonces ese señalamiento era grave?
Si, fue horrible. Había una distancia grande con la gente y yo pensaba que así eran los nicas, así de horribles (risas).
:::Pero ahora con el tiempo se da cuenta que el nica no es horrible…
No… Para nada. En ese momento si lo sentí (risas).
:::Pasó el tiempo y se fue alargando su despedida de Nicaragua… Ahora menos que se vaya si logró trabajar en teatro.
Si. Comencé casi de inmediato porque los guatemaltecos me pagaron mientras estuve con ellos, no mucho pero en aquellos tiempo se podía vivir con poco dinero. Dos años trabajé con ellos y luego conseguí un contrato con la Embajada de Holanda, con ellos trabajé los siguientes cuatro años.
:::¿Y el peruano?
(Risas) Ahí estaba conmigo todo el tiempo hasta el año 88.
:::Luego se tuvo que volver a enamorar supongo…
(Risas) Ala pero no vas a escribir de esto verdad…
:::No me diga que ahora está peleada con el amor…
No… (risas) Pues que te digo… Luego tuve mis otros amores. Solo eso te diré. (risas).
:::¿Cómo nace su grupo de teatro?
Hasta el año noventa trabajé con asociaciones de cultura y también para el Teatro Justo Rufino Garay y con mujeres en centros de protección.
:::¿Y Holanda?
No me hacía falta para nada. Hasta el año noventa solo una vez fui a Holanda.
:::¿Qué diferencias hubo en el teatro de los ochenta y después de los noventa?
Antes había más organización y luego todo se fue perdiendo.
:::¿Y ahora?
Se empieza a organizar. Yo trabajo mucho con la gente del campo con el Movimiento de Teatro Popular y te puedo decir que la gente del campo es más ordenada en esto. Los festivales en el norte son más apreciados que en la ciudad.
:::¿Cómo se vive el teatro en la montaña?
Se vive bonito. Les gusta. Salen a la calle y lo disfrutan. Muchos jamás han visto teatro, más de lo que ven en las telenovelas o los anuncios de la televisión… Saben que existe el Teatro Nacional Rubén Darío pero jamás lo han conocido.
:::Han pasado 30 años y aún su acento sigue siendo enredado…
Si, y no sé por qué. No es que yo lo quiera mantener así, es que sale así, no puedo hablar mejor el español del que estás escuchándome en este momento.
:::Ser como el aire quisiera es su última producción, más de treinta en su carrera… ¿De qué se trata?
Siii… no tengo en mente la cantidad pero son quizá más de treinta. Pero esta última Ser como el aire quisiera habla de la violencia contra la mujer, la trabajamos con el Colectivo 8 de Marzo. Quisimos dejar en la obra no a la mujer víctima sino aquella que toma acciones para cambiar ese sentido de violencia.
Ver en la versión impresa las paginas: 18 ,19