Wilder Pérez R.
Desde que fue declarado sitio Ramsar, el “sistema lagunar Las Playitas-Moyúa-Tecomapa” se convirtió en la esperanza de las comunidades a su alrededor, que quieren salir de la pobreza por medio del turismo.
Su importancia para la conservación de las especies es internacional porque se trata de un oasis en medio del desierto para las aves migratorias, ya que es un lugar con mucha agua en medio de la zona seca de Nicaragua. Pero también ofrece paisajes espectaculares, aguas tranquilas, islas boscosas, aventura y paz al mismo tiempo, cosas por las que pagan los turistas.
A esto le apuesta la Convención Ramsar, que rige los humedales de importancia internacional, que a partir de este año le está dando prioridad al turismo, una visión acertada, de acuerdo con Salvador Montenegro, director del Centro para la Investigación de los Recursos Acuáticos (CIRA-UNAN).
De acuerdo con Montenegro, la Convención acertó declarando 2012 como “el año del turismo y los humedales”, para promover el desarrollo de los sitios Ramsar en beneficio del disfrute de la humanidad por medio de la conservación, para que la naturaleza no se agote.
Sin embargo, existe el peligro de que la nueva misión turística de Ramsar no refleje los verdaderos sentimientos de la organización, según Montenegro, ya que el buen ejemplo de Las Playitas-Moyúa-Tecomapa no se repite con el río San Juan de Nicaragua.
Mientras en Ciudad Darío la gente deja de cortar árboles para tener una economía basada en el turismo, en el departamento de Río San Juan las personas no saben qué hacer porque las langostas y otros peces están desapareciendo ante la cantidad de sedimentos cargados de agroquímicos que llegan desde Costa Rica.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 A