Cuando la Caperucita se sentía triste y abatida, su abuelita le contaba el cuento del Canal que producía dólares. Es el mismo cuento que los políticos cuentan al pueblo nicaragüense cuando ellos están en crisis y quieren estimular el ánimo de un pueblo empobrecido, explotado, semianalfabeto y enfermo, anhelante de libertad y trabajo.
Los más imaginativos sueñan con un diluvio de dólares y euros que podrán obtener en las formas más diversas; pues el Canal es algo “maravilloso”, autosuficiente y prometedor de un desarrollo continuado, que hará de Nicaragua un país feliz.
Felipe II (1527-1582) fue el rey más poderoso de la tierra, porque en sus dominios nunca se ponía el Sol. Este gran monarca envió a Nicaragua una expedición de expertos para explorar la posibilidad de construir un canal interoceánico aprovechando el lago y el río San Juan. Pero esta empresa estaba fuera de todas las posibilidades. Es esta la primera referencia histórica que se tiene del interés por abrir un canal interoceánico en Nicaragua.
Pedro Joaquín Chamorro Barrios (LA PRENSA, 28 de junio del 2012) enumera algunos detalles necesarios para construir el Canal a través del Cocibolca, pues hay que canalizar también el lago por su poca profundidad, lo cual significa que, como dice el vulgo: “No es cuestión de soplar y hacer botellas”.
Cuando los ineptos gobernantes tienen dificultades para hacerse aceptar por el pueblo, sacan del baúl de algún ilusionista el cuento de la Caperucita y del Canal Interoceánico. Pronto la imaginación popular ¡tan fecunda! despliega sus alas y nacen los sueños de prosperidad y progreso.
Hasta el Cosep, supuesto representante de la clase empresaria práctica, sensata y progresista, también se adormece con el sueño del canal.
Estados Unidos antes de abordar directamente el tema, se cuidó de sacar de la competencia a Inglaterra y Francia, los dos grandes imperios coloniales del siglo XIX. En el Tratado Clayton-Bulwer de 1850, quedó bien definida la posición de los Estados Unidos frente a Inglaterra, al establecer en el Art. 1. “que ni el uno ni el otro adquirirán jamás, o mantendrán por sí mismo, poder absoluto sobre dicho canal marítimo Agrega el Tratado que ni la Gran Bretaña ni los Estados Unidos intentarán ocupar, fortificar o colonizar Nicaragua, Costa Rica, la Costa Miskita o parte alguna de Centroamérica ” Pero el Mar Caribe es el “Mare Nostrum” de los Estados Unidos. De manera que el canal es parte importante de su zona de influencia y de su seguridad nacional.
En 1970 el Tratado Chamorro-Byran fue abrogado unilateralmente por los Estados Unidos. Dice el Art. 1. del Documento: Dar por terminada la Convención entre los Estados Unidos de América y la República de Nicaragua, firmada en Washington el 5 de agosto de 1941.
Esta decisión la tomó unilateralmente los Estados Unidos, ya que el Canal de Panamá sería entregado al pueblo panameño, al cumplirse el arriendo por cien años ente las dos naciones. Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo inauguró una nueva visión internacional, de colaboración y respeto entre las naciones sin importar el tamaño, la riqueza o el poder militar de cada país.
Este debió haber sido el final del cuento copiado de La Caperucita y el Canal, pero no fue así: LA PRENSA del 28 de junio pasado publicó la siguiente noticia: “La Asamblea conoce el dictamen jurídico para el Gran Canal Interoceánico”. Según ese dictamen, Ortega y sus conmilitones manejarán el Canal, venderán acciones y administrarán su funcionamiento. ¡Todo un gran negocio sin invertir un centavo! y seguro del gran negocio nombró como su representante personal a su correligionario y viceministro Coronel Kautz.
Es posible que el sueño del Canal sobreviva a la realidad y pueda progresar sin explotación política ni trucos canaleros, que enajenan la imaginación popular.
El autor es periodista.
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