Chester Membreño
En estos días de repliegues, aniversarios y fervor sandinista, se atizan los debates entre reformadores, ortodoxos, disidentes y oficialistas, disputándose la titularidad de ser los auténticos descendientes políticos del guerrillero Augusto César Sandino y su lugar en la historia. Sobre las ideas políticas y las acciones belicosas de Sandino, Michel Gobat, en la obra: Enfrentando el sueño Americano.
Nicaragua bajo el dominio Imperial de Estados Unidos; en la página 408; nos ilustra: “Muchos consideraban a Sandino como un revolucionario comunista. Ya desde 1925, la élite conservadora de Granada expresaba el temor de que los bolcheviques mexicanos podrían llevar a América Central el estandarte rojo y negro que a sus ojos significaba sangre y exterminio.
Hacia 1927, sus presagios se cumplieron, cuando Sandino adoptó la bandera rojinegra y las ideas izquierdistas de la Revolución Mexicana en su lucha por una ‘nueva Nicaragua’”. Es importante enterarse de las recientes investigaciones realizadas por científicos, estudiosos de nuestra realidad política.
Michel Gobat, es un historiador suizo, doctorado en historia por la universidad de Chicago y académico en Iowa, especialista en las relaciones de América Latina y Estados Unidos.
En la página 412 de su libro, Gobat informa: “Desde sus inicios, la causa de Sandino recibió apoyo de una amplia gama de organizaciones internacionales, en particular, la internacional comunista, la liga de Reconciliación y la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre. Muchos comunistas latinoamericanos y otros radicales de izquierda llegaron desde México, República Dominicana y Colombia a combatir al lado del ejército de Sandino.
El más destacado de estos fue el dirigente comunista salvadoreño Agustín Farabundo Martí”. En las luchas sandinistas siempre ha habido injerencia extranjera de por medio, un odio irracional hacia el capitalismo y el modernismo estadounidense y el nefasto extremismo izquierdista presente.
Desde los años de la lucha contra Somoza y especialmente en la época de la dictadura comunista de los ochenta, miles de terroristas internacionalistas operaron en Nicaragua: marxistas rusos, cubanos, europeos; los palestinos de Al-Fatah, aliados naturales del comunismo, Brigadas Rojas de Italia, montoneros, tupamaros y los infaltables colombianos de las FARC y el M-19, entre otros.
En esa década perdida, los verdaderos hijos de Sandino rindieron un exacerbado culto a la figura de Sandino, en detrimento de grandes personalidades de nuestra historia. Los próceres de la patria, héroes de la independencia y auténticos nacionalistas opuestos al imperialismo español del siglo XIX, han sido históricamente relegados en la memoria oficial sandinista.
Hoy por hoy, los homenajes, placas, estatuas y bustos conmemorativos son dedicados en su gran mayoría a Sandino o Carlos Fonseca. Y si cuestionas a Sandino, se ofenden sobremanera, es su máximo referente moral; sin embargo, los sandinistas unidos en los ochenta, no tuvieron reparo en negar al Dios supremo de la vida, y con enormes rótulos propagandísticos proclamaron la supuesta eternidad de su ídolo: “Sandino ayer, Sandino hoy, Sandino siempre”.
Pretendieron igualar al eterno, “Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre”. Es la herencia de los hijos de Sandino.
El autor es abogado. Laico Bautista.