Javier Álvarez
Desde que leí por primera vez el poema, sentí que Rubén hablaba de algo más que un rudo y torvo animal… Siendo aún muy joven, su maravillosa descripción me hacía sentir el olor mismo de la bestia. Mucho tiempo después, he vivido en Nicaragua años de guerra y odio, épocas de horror y de espanto en que el hombre es lobo del hombre. He conocido almas sublimes y también maléficas, reflejadas por el poeta en su relato a través de situaciones concretas que mi mente confunde si son de hombre o de bestia. No son pocos quienes pasan su vida esparciendo temor y amargura a sus semejantes. Sin embargo, resulta trágico cuando un individuo en la cúspide del poder se transforma en verdadero lobo para la sociedad.
En los años setenta vimos un dictador apegado al poder y sufrimos luto y dolor. Dice Francisco al lobo: ¿Es ley que tú vivas de horror y de muerte? la sangre que vierte tu hocico diabólico, el duelo y espanto que esparces, el llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor. Luego en los ochenta el mismo llanto continuó, no solo por causa de agresiones externas sino también por dirigentes obsesionados que priorizaban la política sobre la paz y bienestar del pueblo. Treinta años después, ¿será casualidad que la misma persona gobierna nuestras vidas provocando de nuevo miedo y angustia en el rebaño? Pero antes del 2006, coincidiendo con la trama, se presentó una etapa intermedia de cánticos de paz, reconciliación y campañas electorales impecables. Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo en el santo asilo. Sus vastas orejas los salmos oían y sus claros ojos se le humedecían. Con qué frecuencia vimos a muchos orteguistas asistiendo a misa devotamente, recibiendo los sagrados sacramentos. Es muy probable que las múltiples tareas de gobierno, la prosperidad y la misma política, que antes los llevaba, ahora les impida volver a las iglesias.
Pero lo más interesante es la similitud entre hombre y bestia para explicar el retorno a sus propias maldades, culpando de ello a los demás; dice el lobo: Yo estaba tranquilo allá en el convento más empecé a ver que en todas las casas estaban la envidia, la saña, la ira y entre mis entrañas revivió la fiera, y me sentí lobo malo de repente; culminando con el descargue de su conciencia, más siempre mejor que esa mala gente. Igualmente, gracias a las maldades del imperialismo yanqui, aquí en Nicaragua justifican abusos y tropelías contra ciudadanos llamados “vende-patrias agentes del imperialismo”. Entran en una vorágine de valoraciones políticas que motivan lo suficiente a Daniel Ortega para negarle a sectores necesitados obtener ayuda para su mejor vivir, o nos convierte a todos los ciudadanos en sospechosos y culpables hasta que demostremos lo contrario ante la recién creada UAF. En el peor de los casos, nos conduce a una confrontación interna y externa que solo dolor y lágrimas traerá al pueblo de Nicaragua. Ortega ha visto cazadores en su caballo mancharse de sangre, y luego corre a cazar su propia presa. Pero según él, siempre será mejor que esa mala gente. Es cierto, ha hecho muchas obras “buenas” para el pueblo, pero para hacerlas ¿fue necesario violar las leyes, apedrear, garrotear, rotondear amenazante, cercenar los derechos políticos y ciudadanos, etc.?
El alma simple de la bestia es pura, pero es bestial el alma humana que vive de la política egoísta y cruel. El hermano Francisco conoce ambas y de ellas se aleja por igual orando: “Padre nuestro, que estás en los cielos ”
El autor es administrador de empresas
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