No cabe duda que la dulce y merecida victoria dominical de España en la final de la Eurocopa ha devuelto gran ilusión colectiva. Y si bien no repercute directamente en la enorme y grave coyuntura económica que azota a toda la zona euro, nadie puede negar que se da en un momento clave y propicio. Los tricampeones regresaron a Madrid el lunes por la tarde, y pasaron audiencia con el Rey y con el presidente del Gobierno. Luego desfilaron por las arterias principales de la ciudad hasta llegar a Cibeles, donde fueron arropados por una afición profundamente agradecida que repitió, hasta entrada la madrugada, jornada intensa de juerga y júbilo.
Paul Krugman, catedrático de Economía de la universidad de Princeton, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2004 y Premio Nobel de Economía 2008, también llegó a Madrid durante el fin de semana, y también pasó audiencia en Zarzuela y Moncloa. Pero su desfile por Madrid fue de otra índole, si bien su presencia estos días fue tan esencial como la del equipo de Del Bosque. En su tribuna “La gran ilusión europea”, publicada en inglés por el New York Times y en español por El País, Krugman hace referencia al libro de 1910 de Norman Angell de título casi idéntico, que pronosticó erróneamente el desfase de la guerra bajo la premisa que había dejado de satisfacer intereses de Estado.
Krugman nos recuerda que los líderes europeos, en su desacertada gestión de la crisis, han apostado por estrategias igualmente equivocadas, con consecuencias desastrosas. Cita, como ejemplo, los dudosos resultados de la última cumbre clausurada el viernes pasado, en que primó el modo operativo del drama sobre concretas medidas estructurales. Nos ilusionamos creyendo que Alemania había cedido, cuando en realidad los avances fueron solamente retóricos. Así lo afirma Wolfgang Münchau en el Financial Times del lunes, donde demuestra que aunque los primeros ministros de Italia y España cantaron victoria, quien en realidad venció fue la canciller alemana, que logró resistir sin mover ni un ápice su postura en contra de la verdadera solución, que son los eurobonos.
Ninguna de las decisiones acordadas durante esta cumbre, la decimonovena dedicada exclusivamente al tema, podrá aliviar por largo tiempo el alto nivel de desempleo en la periferia, ni cambiará la tendencia cíclica de aumento de competitividad a costa de una marcada reducción en los salarios reales. ¿Somos incapaces de trascender estas limitantes? Paradójicamente, abundan los medios económicos, pero escasea la voluntad política.
El espejismo efímero y la ilusión vana que implican las exuberantes honras deportivas en Madrid, en medio de una gravísima recesión, se reflejan también en el protocolario y ceremonioso cambio de guardia del Consejo de Europa, acaecido igualmente el domingo en Bruselas. El Estado-miembro que ejercerá hasta finales de año la presidencia temporal es Chipre, que la semana pasada se convirtió en el quinto país en pedir rescate financiero. Los actos de Madrid y Bruselas no eclipsan, ni siquiera un instante, la enorme faena que tenemos por delante. Esa es la tesis principal de la palestra que dicta este martes 3 de julio en Madrid el profesor Krugman, bajo auspicios de la Fundación Rafael del Pino.
Y es que, como dijo el gran Voltaire: “Un día todo irá bien: he allí nuestra esperanza. Todo va bien hoy: he allí nuestra ilusión”. Cuando acabe la euforia por los éxitos de La Roja, ¿nos acompañarán todavía la esperanza y la ilusión? Pronto lo sabremos, ya que los juegos olímpicos de Londres están a la vuelta de la esquina.
El autor es abogado y académico.
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