Por: Juan Carlos Ampié
La franquicia de “ La Era del Hielo ” cumple una década con el estreno de la cuarta película en la serie. Esa longevidad se asienta en una aparente popularidad con el público adulto o, al menos, las audiencias infantiles que han crecido mientras pasa el tiempo y salen más películas. El problema está en la necesidad de ser creativo para ofrecer a la vez algo nuevo a un público cuyos intereses van mutando y volviéndose más sofisticados. En ese sentido, me temo que esta secuela fracasa.
Dos tramas paralelas se combinan en la historia. Tenemos un típico melodrama familiar alrededor del mamut Manny. Su hija Morita se siente inadecuada ante los jóvenes mamuts más “cool”, especialmente el galán Ethan. Se avergüenza de su conexión evolutiva con las zarigüeyas. Igual que ellas, duerme colgada de un árbol por la cola. La sincera amistad de un pequeño topo también se vuelve fuente de mortificación. Paralelamente, los movimientos telúricos causados por la separación de las masas continentales ponen en peligro a todas las bestias. Un terremoto separa a Manny de su familia, dejándolo a la deriva sobre un islote de hielo. Oportunamente lo acompañan sus amigos, el tigre dientes de sable Diego, el perezoso Sid y su abuela. La corriente los lleva hacia un témpano en forma de barco, comandado por un despiadado pirata, solo para complicar los planes de Manny, empeñado en regresar con los suyos.
La idea de usar angustia adolescente como catalizador de un drama familiar es perfectamente aceptable y consecuente con la audiencia meta del filme. Quizás uno quisiera que fuera más sutil su desarrollo, pero después de todo, estamos ante un producto comercial. También se crean matices interesantes con la subtrama de Sid. La familia que lo abandonó aparece fugazmente para endosarle a la abuela que ya no soportan. Según “ La Era del Hielo 4 ”, los amigos pueden ser familia para aquellos a quienes les falla o les falta la parentela biológica. Es un mensaje bonito. Lástima que se destile a través de un argumento oportunista que se monta en la ya gastada popularidad de otra franquicia fílmica, “ Los Piratas del Caribe” .
No podemos demandar realismo en una película animada donde bestias prehistóricas antropomorfizadas recrean conflictos generacionales humanos. El escenario prehistórico es como una tabula rasa donde se proyectan preocupaciones con las que el público contemporáneo puede conectar. El problema está en que el ángulo pirata no tiene sentido particular ni consecuencia. Es gratuito. Solo se usa porque… pues, ¡parece que a los niños les gustan los piratas! Todo se convierte en una constante persecución, con breves interludios dramáticos —vea el cortejo de Diego y Shera —. Imagine que “ Madagascar 3 ” nunca hubiera despegado con la historia del circo ambulante, quedándose en la persecución permanente de Mónaco, y el resultado es “ La Era del Hielo 4 ”.
Y es una lástima, porque los personajes son atractivos. Parece que los realizadores guardan su ingenio para el gran marco narrativo que es protagonizado por Scrat, la ardilla prehistórica en eterna búsqueda de una bellota. Sus vanos intentos por satisfacer un deseo marcado para quedar eternamente insatisfecho, la ponen en la honorable compañía tragicómica de Willie E. Coyote y el gato Silvestre . El humor visual de las secuencias que protagoniza invoca el espíritu de Tex Avery. Por sí sola, sería un cortometraje magnífico. Si al menos toda la película fuera así… pero a como es, no me queda más que desear que la franquicia se extinga de una vez.
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