Después de la última votación sindical de los docentes de la UNAN-Managua efectuada en el mes de junio del año en curso, nos quedó a muchos un amargo sabor de boca, debido a las pretensiones enormes de distintos grupos por permanecer en el poder una y otra vez, sin dar pase a otras ideas e inteligencias para beneficio de nuestro sector. La pregunta es ¿había posibilidad que la Fórmula B ganara cuando la maquinaria corporativa estaba ahí, muy disciplinada? Hubo algunos que hasta hicieron proselitismo dentro del recinto de votaciones en contra de la Fórmula B. Además también se oyó hablar de irregularidades y el colmo, retirar propaganda electoral del bando contrario. Si somos formadores estamos faltando a nuestra integridad, recordemos profesores, que somos semilla y debemos predicar con el ejemplo.
Actualmente la Universidad pública cuenta con personal altamente capacitado, lamentablemente muchos se han jubilado, otros están en proceso de hacerlo. Nuestra generación se formó durante el periodo difícil de la guerra y bajo amenazas de invasión. Nos capacitaron profesores extranjeros que con el fervor de los primeros años de la Revolución Sandinista, solicitaban a sus respectivos gobiernos desempeñar su año sabático en Nicaragua. Eso favoreció enormemente a nuestras instituciones educativas, porque eran profesores con capacidades que dieron lo mejor para que la Universidad pública se levantara después de la fuga de cerebros de 1979. Entonces, fue creado el movimiento de Alumnos Ayudantes, todos jóvenes y con escasa formación pedagógica.
Los mejores alumnos eran dirigentes estudiantiles y no se permitía que nadie que formara parte de este movimiento fuera desorganizado, mal estudiante e indisciplinado, al contrario teníamos que ser ejemplo en el aula, en la comunidad educativa y en la sociedad. La mayor parte de la primera generación de Alumnos Ayudantes está ahora en proceso de jubilación y los que pertenecimos a la segunda nos quedan entre cuatro o seis años de servicio. La universidad actual quedará vacía, porque no ha habido un interés fehaciente de las autoridades por impulsar un relevo generacional. Hoy, pocos profesores nos hemos dedicado a rescatar y formar a los alumnos más destacados por sección, insistiendo que deben optar por becas de maestría o doctorado y aprender otro idioma.
La Universidad pública necesita un relevo generacional real, mediante un plan institucional pertinente y eficaz para que los mejores alumnos sean captados y formados interdisciplinariamente a fin de incidir en el sector productivo, empresarial y educativo de nuestra amada Nicaragua. No se trata de formar alumnos porque pertenecen a determinado partido o porque me apoyó en mi elección como autoridad universitaria, sino por sus capacidades.
El relevo generacional es para que la universidad pública logre un desempeño exitoso a través de graduados con altos componentes investigativos en biotecnología, nanotecnología, avances en producción y calidad de alimentos, evaluación de nuestra biodiversidad, creación de biofábricas para producción de materias primas industriales y lo que está en juego hoy: la eficiencia de procesos biológicos dirigidos a la producción de energía limpia. Por tanto, necesitamos docentes altamente críticos, defensores de la autonomía universitaria, sin aferrarse al poder omnímodo, verdaderos humanistas no timoratos, amantes de la literatura universal e hispanoamericana en particular, educadores jóvenes para avanzar en gestión, mejora y calidad educativa.
La autora es doctora en filología y máster en Ciencias de la Educación.
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