La Revolución de Mayo (Mayo 18 al 25 de 1810) en Buenos Aires dio inicio a la Independencia de Argentina. Fue esta una consecuencia directa de la Guerra peninsular española que hizo abdicar a Fernando VII y colocó en el trono a José Bonaparte, hermano de Napoleón. Esta revolución creó al grupo literario argentino llamado La Generación del 1837 a la cual pertenecieron notables escritores, filósofos y políticos como Bartolomé Mitre, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Miguel Cané, José Rivera Indarte y por sobre todo la figura del Maestro por excelencia de don Domingo Faustino Sarmiento.
Uno de quince hermanos nació Sarmiento de una familia pobre en el suburbio del Carrascal en San Juan, Argentina el 15 de febrero de 1811. Aprendió a leer a los cuatro años y se educó con la uñas como decimos aquí, en medio de turbulentas guerras civiles que lo arrastraron al exilio en Chile. Esto le sirvió para viajar y aprender de otros países e involucrarse aun más en política. Es en los Estados Unidos de América donde aprende de la democracia y de las ideas liberales que formaron a ese gran país durante el gobierno de Abraham Lincoln a quien admira en sus escritos.
Vivió la triste tiranía de Juan Manuel de Rosas a quien combatió con las armas en la mano; pero sobre todo con su pluma. Crítica que lo llevó a publicar un clásico de la literatura latinoamericana: Facundo .
Luchó incansablemente contra el barbarismo del gaucho.
Su gran espíritu de periodista lo hizo creador de varios periódicos y director de ellos que los llenó de sus artículos combativos contra esas dos grandes enfermedades sociales que aún asuelan a nuestros países latinoamericanos: La ignorancia y el caudillismo.
Llegó a ser presidente de la República argentina (1868-1874) y lo primero que hizo fue un censo que le permitió darse cuenta en sus primeros seis meses de gobierno, que el analfabetismo en su país era aterrador y llegaba a más del 87 por ciento de la población. Este dato lo hizo crear casi automáticamente un decreto para establecer escuelas en todo el país y la educación obligatoria para todos los niños. Lo hizo también fundar las primeras escuelas militares, las primeras escuelas normativas para crear buenos maestros y las primeras escuelas para niñas ubicándolo entre los primeros defensores de los derechos de la mujer en la América española. Sus ideas liberales lo impulsaron a implementar una ley donde se restringía el uso exclusivo de una sola religión y abría la libertad de cultos a pesar de ser hijo de una madre extremadamente católica y de tener tíos sacerdotes que fueron sus principales educadores.
Sarmiento entrega la presidencia al terminar sus seis años y no pretende reelegirse ni se cree el ungido. Se retira a seguir educando y aunque no se divorcia totalmente de la política y mantiene su periodismo en alto, vive sus últimos días pobre (no tenía ni casa propia para vivir).
Creía firmemente que la educación era la base para la felicidad y el éxito y que ninguna nación podía ser democrática si no era educada. “Un pueblo ignorante va siempre a elegir a Rosas”, lo que equivale a decir una Nicaragua ignorante y analfabeta siempre va a elegir a un Somoza o a un Ortega.
Muere en Asunción, Paraguay, a los 77 años junto a su hija ilegítima Ana a quien reconoció casi hasta el final de sus días.
Nos deja un legajo de ejemplos que como latinoamericanos y nicaragüenses debemos de seguir y de aprender.
Honor a nuestros maestros de Nicaragua que como don Faustino han estado y siguen en la lucha contra la ignorancia y la pobreza del espíritu.
El autor es Médico y Cirujano
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