En un proceso tan rápido como sorprendente el Congreso de Paraguay enjuició y destituyó al ahora expresidente Fernando Lugo con el argumento de “mal desempeño en sus funciones”.
A Lugo le tocaba entregar el poder el 15 de agosto 2013, a un año de finalizar su periodo, sin respaldo en el Congreso y abandonado por el partido que lo llevó al poder, era imposible que pudiera seguir gobernando, el Congreso aprovechó la situación relacionada con la muerte de policías y campesinos para convertirla en la gota de agua que rebalsó la copa.
Los países del Alba han vociferado porque consideran un golpe de estado disfrazado de otra modalidad, obviando la Constitución del país paraguayo que establece la destitución del presidente, lo que significa que es facultad del Congreso destituir al presidente si lo considera pertinente como es el caso. El mismo secretario general de la OEA ha reconocido que el proceso llevó sus vías legales, entonces ¿por qué los países Alba se inmiscuyen en los asuntos internos que competen únicamente a los paraguayos?, ¿cuál es el problema? Según los medios de comunicación no es el primer presidente que el Congreso enjuicia, los otros han preferido renunciar para evitar la vergüenza.
Pero en el caso de Lugo lo que ha hecho el Congreso es hacerle un “favor”, ya que como iba a explicar al mundo que no hizo absolutamente nada por su país, él deseaba un milagro que lo retirara de la presidencia, por eso este juicio le llegó como una bendición en el momento preciso para salir a como él dijo: “Por la puerta grande” y tiene razón, tenía que hacerse el enojado, el mártir, no debía oponerse a nada y no iba a promover una insurrección porque lo estaban salvando de llegar a ese fatídico 15 de agosto, de esta manera siempre argumentará que le interrumpieron su periodo constitucional, por lo que no pudo realizar su plan de gobierno, lo mismo dirán los países Alba y van a utilizar un acto soberano para querer agarrar oxígeno, con falsos argumentos harán declaraciones descabelladas, totalmente incoherentes y fuera de toda lógica. Igual dirán que Lugo sale por la puerta grande, pero tras bastidores le estarán enormemente agradecidos al Congreso paraguayo porque evitó que Lugo los sumiera en una vergüenza y expusiera el fracaso de esos países, de esta manera ya no tendrán que pensar en la justificación. Igual fue el alboroto con Zelaya, ¿en qué quedó?
En Nicaragua los orteguistas han llorado, pero guardando las distancias, ¿por qué no dijeron nada cuando se destituyeron alcaldes que fueron electos a través de los votos igual que Lugo?, pero a diferencia del Congreso paraguayo que sí tiene la facultad de destituir al presidente de la República, los concejales nicaragüenses no tienen potestad para destituir al alcalde. ¿Por qué si se da un problema en el extranjero gritan, pero a lo interno se quedan callados? Si en Honduras y Paraguay la independencia de poderes hace respetar la Constitución, por qué mejor no los tomamos como referencia para que nuestro país deje de ser administrado como una hacienda particular.
El autor es Coordinador Comisión Jurídica Red Managua Coordinadora Civil.
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