Wilder Pérez R.
El 29 de junio de 1855 un profesor nicaragüense utilizó sus conocimientos para vencer a los filibusteros y expulsarlos de Rivas. Se ganó la admiración del país, se convirtió en Héroe Nacional, y su acción elevó el prestigio de los maestros.
Hoy, 157 años después, ser maestro no tiene mayor valor pero, al igual que Emmanuel Mongalo y Rubio, un ejército de 46 mil educadores hace patria cada día, a pesar de las condiciones en que trabajan.
Escuelas con daños en su infraestructura, bajos salarios, atrasos tecnológicos, capacitación deficiente y los modelos de disciplina modernos, son algunos de los principales “enemigos” de los maestros en la actualidad.
Así lo confirmó la maestra Jackeline Valverde. “Las preocupaciones son que tenemos muchas limitantes, una de ellas es la seguridad ciudadana, también están los salarios, y la situación en que vienen los niños a clases”.
Valverde da clases en la escuela Flor de Sacuanjoche, que tiene buenas sus paredes y verjas, pero no tiene muro y se encuentra en el barrio Las Torres, uno de los más peligrosos de Managua.
Ahí los profesores son optimistas y tienen iniciativas que hacen llevadera su situación. “Nos coordinamos con la comunidad, ellos nos apoyan con los alumnos”, aseguró la profesora Reyna Ramírez, del mismo centro.
Lesbia Rodríguez Prado, maestra jubilada.
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Pero eso no disimula la realidad de los maestros. “Aquí no hay muro perimetral, entonces, solo basta que dos niños discutan y se vienen las familias a buscar cómo golpear al profesor”, dijo Valverde.
Las dudas se despejan al ver un juego de futbol en la escuela. Para quitar un balón no hace falta técnica, para eso están las piedras.
NI PARA CANASTA BÁSICA
Hay escuelas en mejor situación, pero lo que no cambia es la paga. Un maestro con 29 años de experiencia gana 5,100 córdobas, poco más de 200 dólares, con lo que no cubre ni la canasta básica.
En opinión de Josefina Vigil, experta en educación, las condiciones en las que trabajan los maestros son precarias.
“Tienen un déficit en información inicial que no les da las herramientas necesarias para desarrollarse con éxito en las aulas de clases, tienen poquísimo acompañamiento y asesoramiento, hay muy poco material didáctico, las condiciones de infraestructura en muchos centros son precarias, no hay una carrera docente, por eso se van de las aulas de clases, el salario está muy por debajo del promedio nacional, no cubre la canasta básica y no hay incentivos”, consideró Vigil.
En realidad sí hay incentivos: un bono de 400 córdobas por el Día del Maestro. Eso es poco más de un córdoba por día. Con el equivalente a dos días, pueden comprarse tres caramelos en cualquier esquina o ahorrar cinco días para la ida y vuelta del bus.
Pero los maestros más humildes se las ingenian con acciones dignas de Mongalo, cuando decidió prender fuego a la casona El Mesón, ocupada por los filibusteros.
FÍAN LA COMIDA
Cargan sus comidas preparadas cinco o siete horas antes, sacan al fiado en las pulperías y, según la maestra jubilada y dirigente gremial Lesbia Rodríguez Prado, “estrenan” ropa usada. “Nosotros no podemos dar pesar frente al alumno o alumna, ni para recibir a los padres de familia”, dijo.
Aún así, una de las cosas que más lamentan las profesoras entrevistadas es el descrédito ante sus estudiantes a causa del Código de la Niñez y la Adolescencia.
Todas coincidieron en que los chavalos se aprovechan de eso para faltar a la disciplina, lo que resulta en bajos rendimientos de aprendizaje.
Para Vigil, es urgente que la inversión en educación se aumente al siete por ciento del PIB (está en 3.5). Para los maestros de hoy, la felicidad está en ver a sus alumnos convertidos en profesionales. Para Mongalo, la educación era sinónimo de independencia.
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