Luis Alvarenga
Las esquinas están por guardar sus uniformes colegiales y
van a convertirse en flores azules. Una oreja navega sobre las
aguas. La veo alejarse. No queda más que el silencio, no me
quedo con la guarida de la diosa, ni con los dones que se
marchitarán al día siguiente, ni con el tenaz alumbramiento
de lo efímero. La certeza de la que no cabe musitar ni una
nota en falso es esta: la del cielo y la pobreza. Esta vez,
intento ser más fuerte que el color de sus ventanales. Hay una
palabra vislumbrándose entre mis dedos. Es el sabor de la
música que brota de los uniformes colegiales.
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