LA PRENSA/FOTOS ALFREDO ZÚNIGA

XXI. Un consejero

La ciudad era, pero Managua se llamaba. Ahí el hambre de sembrar paisajes saltó a derribarlas columnas del mar.

Luis Alvarenga

La ciudad era, pero Managua se llamaba.

Ahí el hambre de sembrar paisajes

saltó a derribar

las columnas del mar.

Gula de acentos,

de lenguajes túrgidos

en cada alba,

seduce a mis mástiles

la ciudad que fue

deshaciéndose en mis pies.

Sueño con partir,

parto para no dejar de soñar,

seas hoy la amada Lutecia,

doncella de ojos de licor celestial, de oliva griega,

o amanezcas entre las olas,

la nueva desnudez milenaria

al ojo sediento que vierte

lágrimas, licor de los sueños.

Justo en la era del amante de las ciudades.

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