TATYANA LUNA
Uno de los momentos más estresantes del día, para la mayoría de las madres, es cuando llega la hora de la comida. No existe niño que no se haya rehusado a degustar ricos vegetales o en el peor de los casos que se resista a comer lo que hay en el plato.
Esta situación es muy común en los hogares, principalmente cuando los consentidos de la casa tienen entre 4 y 7 años, edad cuando empiezan a reconocer lo que les gusta y lo que no. Es en ese momento donde las madres deben de hacer de todo para que estos puedan comer aunque sea unas cuantas cucharadas, expresa Aura Hudiel Maradiaga, sicóloga.
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Cuando la adolescencia llega el problema es casi similar, porque los hábitos alimenticios se alteran por el desarrollo del cuerpo y los jóvenes evitan a toda costa comer, experimentando trastornos alimenticios para verse bien físicamente como lo establece la sociedad.
Sin embargo, cuando los niños tienen menos de 2 años las cosas suelen ser diferentes, porque comen instintivamente, y por lo tanto las madres pueden darles de comer sin ningún problema, asevera la sicóloga.
SIN HÁBITOS ALIMENTICIOS
Aunque la principal causa de que hayan niños sin apetito o interés en la comida, según la especialista, es que no tienen hábitos alimenticios, y esto lleva de la mano que los padres no establecen horarios para comer, ni mucho menos a evitar las llamadas “comidas chatarras”.
Así que lo mejor es que no pierda la paciencia y enséñele a sus hijos la importancia que tienen los alimentos para el desarrollo de su cuerpo, eso sin perder de vista que debe crear majestuosas obras de arte con la comida, todo con el fin de que les apetezca todo lo que usted quiere que coman.
Además, debe valorar que lo que más le debe importar es que los niños y los adolescentes no necesitan comidas específicas, sino nutrientes que les ayuden en su crecimiento y desarrollo intelectual. Si no les gusta un tipo de comida, la única opción es cambiarla por otra, pero con el mismo valor nutritivo.
Tome en cuenta que comer no debe ser una obligación, sino un hábito que debe enseñarse desde que son pequeños, para que vayan reproduciéndolo durante su desarrollo.


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