Edgard Rodríguez
Para descubrir que Manny Pacquiao le pegó una paliza a Timothy Bradley el sábado, y que por tanto, debió ganar la pelea que le robaron, bastaba solo con poner un poquito de atención a las acciones y punto.
Aun cuando siempre hay quienes se empeñan en mostrar al boxeo casi a la par de la ingeniería nuclear, no hay que ser un especialista para apreciar que Pacquiao tiró más y mejores golpes y que acertó más.
Pacquiao no es el mismo de antes. Eso se ve a lo lejos. Sus disparos dejaron de ser relampagueantes y no fulminan como en el pasado, incluso, sus movimientos ya no son impredecibles, pero aún así, él ganó la pelea del sábado en Las Vegas.
Sus ganchos, uppercuts y volados de izquierda, que se vieron en mayor plenitud en los asaltos tres, cuatro y cinco, cuando Bradley parecía listo para irse al piso, le permitieron acumular una ventaja clara para ganar.
Sin embargo, una vez más los intereses boxísticos fueron más determinantes que las acciones dentro del ring, para determinar al ganador. Y ahora, Pacquiao sintió lo mismo que vivió Juan Manuel Márquez, cuando le robaron su victoria.
Los expertos Dan Rafael (ESPN) y Harold Lederman (HBO) vieron ganar a Pacquiao con un idéntico 119-109. La agencia AP 117-111. Incluso, Compubox dio ventaja abrumadora en golpes lanzados, acertados y de poder al filipino, quien debió ganar.
Y cuando Duane Ford intentó ayer dar una explicación a su absurda anotación de 115-113 para Bradley, dijo que “Timothy le dio una lección de boxeo a Pacquiao”. Y tiene razón, pero fue una lección de cómo tragar izquierdas y derechas sin irse al piso. En eso, sí que se lució.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B