Hay varias formas sencillas y fáciles de averiguar para evitar llevarnos una sorpresa a la hora de cocinar. Por ejemplo, el huevo fresco no flota. —Si un huevo flota en agua, es que no es fresco. Los huevos frescos se hunden en el agua. La yema en el centro. —Si rompes el huevo y lo viertes sobre una superficie plana, como la sartén, si es fresco la yema se mantiene en el centro, mientras que si no lo es la yema se mueve saliéndose de la clara. Otra forma de saber si el huevo está en su punto es colocándolo en un vaso lleno de agua salada y, si el huevo flota, no debemos comerlo… en cambio si permanece en el fondo resultaría comestible.
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