Francisco de Asís Fernández
En el instante de agarrar el revólver,
Roberto Brantome, que amaba la libertad,
vio un relámpago interior
que lo encegueció lo suficiente
para que su alma viera que sesenta y siete años atrás
había sucedido en su vida la misma tragedia:
Un derrame cerebral había hecho que su mundo
se redujera a la infortunada condición de minusválido,
y a tener una encajosa dependencia de los seres que
amaba.
Porque fueron más grandes las incomodidades que
provocaba con su enfermedad
que el amor que le tenían.
Y ahora, su vida se repetía como en un espejo de la
muerte.
Otra vez, y por las mismas razones,
agarraba el revólver con mucho dolor
para dispararse en el cielo oscuro de la boca.
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