El dolor callado de sus lágrimas

Gustavo Soto García

Apropiándome del relato de Lucas (11:27-28), cuando una mujer entre la muchedumbre quería exaltar la grandeza del Mesías ante los escribas y fariseos, refirió una frase que tiene mucha trascendencia para mí en el concepto materno: “¡Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!”, aunque el contexto de este episodio fue otro, el que me interesa es la dimensión co-creadora del género humano, la misión trascendental como madre “gestadora”, alimentadora, progenitora, intercesora, y beneficiaria del dolor con lágrimas de parto, de alegría en el alumbramiento y de pesadumbre en el sufrimiento del atardecer del tiempo, cuando su semblante antes resplandeciente, se va opacando por los años, con el aciago de la lucha diaria marcándole las benditas arrugas, sus ángulos esqueléticos se debilitan y el ocaso le vuelven sus cabellos canos. Dicen los expresionistas, que el lenguaje no descrito o anónimo de un ser humano, es aquel que deviene del corazón y no se comparte más que a sí mismo o a solas, porque no tiene un código interpretativo.

Esto lo corroboré con un collage de fotografías de mujeres que perdieron sus hijos por distintas razones, (muerte natural, asesinatos, secuestros sexuales, guerras, etc), y las constantes eran: el envejecimiento prematuro, la pérdida de la gracia gesticular y la masa muscular facial, tristeza profunda, pero contrariamente querían seguir viviendo, el recuerdo del diván de las pertenencias de sus hijos perdidos. ¿Cuántas veces en nuestras vidas, logramos darnos cuenta que nuestras madres —sin gozar de luto alguno— y estando cerca de ellas, inmutables o simulando que estaban bien, manifestaron estos síntomas, sin contagiarnos de sus pesadumbres? La madre es singular, en un monólogo interior sabe comunicar amor a la criatura, y el aliento diario de la víspera del nacimiento.

Nadie más puede alimentarla en su vientre, y exclusivamente conoce el placer afectivo del amamantamiento, sucediendo la herencia genética y las posibles virtudes, encargándose de degenerarlas en fallas el mundo penetrante. Luego de su embarazo pasó el verano de la vida, y con la crianza degusta los años primaverales, y ante los avatares invernales de sus múltiples tareas honrosas y protectoras, al dejarnos volar y colocarnos en el camino incierto, empieza la cruz otoñal, viéndonos a distancia, añorando una caricia, un beso, o una frase gratificante de un: “¡hola mamá!”, pero contrariamente le conferimos una nueva tarea de segunda: encargarse de cuidar a los nietos y bisnietos, sin goce de prestaciones afectivas nuestras.El lenguaje mudo tiene otra expresión: el silencio, una manifestación semiautista, al sufrirlo se interpreta en soledad, demostrándolo por medio del privilegio del espíritu; las lágrimas, que emergen de nuestros sentimientos; saladas, agridulces o amargas cuando el quebranto embarga.

Y no hay peor dolor que la indiferencia, para quien nos alimentó con el calostro inmunizándonos al nacer, y luego entregarnos el símbolo de la vida: la leche materna, con lágrimas de alegría y bendición. Pero nuestras madres no tuvieron un ángel previsor de las tristezas, cuando en su vejez son conminadas a ver a distancia las fiestas, relegadas a una mecedora lejos de las visitas, o en las navidades por olvido no tuvieron regalos, finalmente la mejor opción: un asilo como un objeto sin vida útil. Ocasionalmente tal vez recordamos sus risas de felicidad mientras nos protegían.

¿Y cuántas veces atisbamos  sus lágrimas de desolación? “Una lágrima y otras más, he derramado por ¡ti! y la verdad no me hizo nada mal, porque me enseñó a reconocer tu grandeza y a tener miedo de perderte otra vez”… Madre mía (SA). 

El autor es Sociólogo y Administrador de Empresas

Opinión

COMENTARIOS

  1. Silvio
    Hace 14 años

    El amor y agradecimiento que tiene un hijo o hija hacia su madre, eso es lo que se pierden las mujeres que diariamente están abortando en las clínicas, simplemente porque no quieren tener al bebé. Estas mujeres no pueden llamarse con el dulce nombre de madre. Son verdaderas tumbas para sus hijos

  2. Gustavo Soto
    Hace 14 años

    fELICIDADES MADRES DE NICARAGUA

  3. Gustavo Soto
    Hace 14 años

    El dolor del silencio de sus lagrimas es el verdadero titulo

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