Querido papá: En enero de 1978, un par de días después de que fueras asesinado, te pedí prestada tu página “para dar por vos el último grito, un grito para despertar a tu pueblo y al mundo: tu sangre, tu muerte, tu silencio …
Un grito por la verdad, la justicia, la libertad de Nicaragua, por lo que viviste, luchaste y sufriste hasta el sacrificio.
Quiero gritar al mundo que no hay palabras para describirte como padre, como hombre y como mi mejor amigo.
Tu sangre, papá, no será en vano, retumbará cielo y tierra; es un grito que romperá los oídos de quienes te quisimos porque eras todo amor; y la conciencia de quienes no tuvieron la dicha de quererte. No te han callado papá, tu sangre corre en mis venas, yo seguiré gritando: ¡no nos callarán jamás!
Moriste por nosotros, un día lo escribiste y por años lo guardé en el silencio de mi corazón, hoy hay que gritarlo: “Mi patria son mis hijos y otros niños como ellos, por los cuales hay que sufrir y a veces hasta morir”.
Mi dolor de perderte es inmenso, pero es más grande el orgullo que tengo de vos, y el honor de ser tu hija”.
Hoy papá, nuevamente he pedido prestada tu página, esta vez para contarte y también gritar que tus adversarios son los mismos de antes, salvo que tienen otro nombre y se disfrazan de otra manera. Son amigos del poder absoluto y enemigos de la libertad, la democracia y la justicia, valores por los que vos y tantos nicaragüenses lucharon y derramaron su sangre.
Igual que antes, ahora vivimos, con matices diferentes, la corrupción que vos enfrentaste, aquella que según tus palabras “es peor que el alcohol o la vagancia. La misma prostituta más fea que la prostitución hija de la verdad oficial, que enseña a pensar que los puestos públicos son para remendarse ” (1).
La misma corrupción que deriva en oro para algunos, aunque la mayoría debe conformarse con resolver su sobrevivencia.
A tus nuevos adversarios parece incomodarles y mortificarles tu legado. Pobres de espíritu, quizás creen que podrán borrarte del imaginario y del corazón de los nicaragüenses, dedicando tu plaza a su becerro de oro, del que alimentan sus arcas y su dizque espíritu “cristiano, solidario y socialista”.
¡Pero se equivocan, no pueden contra nuestra historia!
Tu hija, Cayetana.
La autora es hija del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal
(1) El Diaria de un Preso PJCH. Editorial Nuevos Horizontes, Nicaragua 1963-pág. 180
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A