El Fondo Monetario Internacional (FMI) es una institución que se creó con el objetivo básico de velar por la estabilidad del sistema monetario internacional. Fue destinado a evitar que se repitan las políticas económicas que contribuyeron a provocar la gran depresión de los años treinta. Se encarga de velar por la estabilidad del Sistema Financiero Internacional.
El FMI no es un banco de desarrollo, ni un banco central mundial, ni una agencia que puede resolver las crisis económicas de los países. Es más bien una institución que con “sus controles”, trata de mantener un sistema estable de intercambio del dinero, para que los pagos se puedan realizar entre los países de manera fácil y sin retrasos. En otras palabras, el FMI vela fundamentalmente por los intereses de los bancos que prestan dinero para resolver los problemas monetarios o de balanza de pagos de los países.
Las recomendaciones y programas de política económica del FMI se han aplicado en la mayoría de los países del mundo, ya sea medidas de carácter neoliberal o a través de los conocidos programas de ajuste estructural, enfocados a las economías pequeñas, pobres y bajo el yugo de su deuda.
Lejos de conseguir los objetivos de estabilidad y crecimiento económico, los programas y las recomendaciones del FMI han propiciado el medio y el tiempo necesario para que los bancos y las instituciones financieras continúen extrayendo dinero y trasladando el peso de la deuda a los países pobres. Han conseguido abrir las economías pequeñas, pobres y periféricas a los voraces capitales transnacionales, eliminar regulaciones tanto en el área laboral, como medioambiental y establecer bases industriales con bajos costos de producción para que las compañías transnacionales puedan sacar ventajas.
Las consecuencias sobre la sociedad y el medioambiente son negativas. El nivel de incertidumbre, pobreza y explotación a que son sometidos cada día, mayores grupos de personas en el mundo, está muy vinculado y de manera directa con la actuación de esta institución, que frecuentemente recibe el apoyo incondicional de las élites gobernantes de los países grandes y desarrollados demostrando así, de manera clara, que la política institucional del FMI está al servicio de los poderosos intereses industriales y financieros. Nicaragua no es la excepción ya que tiene una larga historia en función de las intervenciones del FMI en materia económica y social, muy negativa.
En Nicaragua cuyo costo de la canasta básica familiar es mucho mayor que el salario devengado por un trabajador, los precios de los servicios básicos son altísimos o con sobreprecios (empresas depredadoras y muy ineficientes), la distribución y producción de bienes básicos en manos de oligopolios, monopolios, grandes empresarios depredadores coludidos; los combustibles con altos niveles de precios, bandas políticas disémicas o “políticos disémicos”, la clase media en proceso de extinción, desempleo y más informalidad, salarios estáticos desde hace varios años, aumento de los precios de medicamentos, alimentos, impuestos muy altos y muchos otros aspectos más de orden público o gubernamental.
Las políticas del FMI han sido severamente criticadas por muchos expertos y por Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.
Continuando el FMI con su trayectoria de desaciertos con economías pobres y pequeñas (la teoría económica aplicable para los países desarrollados, no es aplicable a las economías medianas, pequeñas y pobres) tal como la evaluación de la economía nicaragüense (muy probablemente con indicadores inflados o maquillados, mal calculados, etc.), que no corresponde con la realidad nacional. Encima piden que se revise la tarifa de energía eléctrica, reforma de las pensiones, más impuestos y redistribuir el 6 por ciento de las universidades, receta ya muy desgastada y sin resultados positivos (parafraseando a John Grinder y Richard Bandler: El hombre es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra y siempre con los mismos resultados negativos, en este caso el FMI es la institución internacional que tropieza varias veces con la misma piedra y siempre con los mismos resultados negativos, no aprende de su propia experiencia).
La receta del FMI generará más pobreza, incumplimiento de pagos de servicios básicos, más hambre y desnutrición, protestas y posibles convulsas sociales, etc. en Nicaragua. Parece que la referida institución se alimenta o fortalece de tales hechos, debido a que son justificaciones para requerir más fondos, pagar miles de dólares a más “expertos” para “evaluar” los fenómenos socioeconómicos generados por el mismo Fondo.
El FMI tiene más de 65 años de existencia y continúa haciendo lo mismo, los tiempos han cambiado sustancialmente y esta institución debe reinventarse, adaptarse a los cambios y dinamia de la época, considerando las diferencias entre las distintas economías (grandes y ricas, medianas y emergentes, pequeñas y pobres, etc.) y de acuerdo a esas tipologías económicas, aspectos sociopolíticos diseñar los programas de ajustes.
Otra parte el gobierno, la sociedad civil honesta, los representantes genuinos de los trabajadores, gremios, entre otros, no deben aceptar las imposiciones del FMI, ser creativos y proponer alternativas muy sustentadas, los datos y hechos de la realidad están muy claros y partir de ellos basar las acciones con las cuales todos los nicaragüenses ganen y romper una de las barreras del desarrollo social de Nicaragua, que es el FMI.
El autor es MBA en Administración de Empresa y consultor en temas empresariales y económicos.
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