CIUDAD DEL VATICANO /Agencias
En privado, Gabriele es miembro del pequeño séquito doméstico papal que incluye además a los secretarios privados del papa y cuatro mujeres consagradas que se encargan del apartamento papal. El mayordomo es el primero en ver al papa por la mañana y el último por la noche.
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Paolo Gabriele, el mayordomo del papa Benedicto XVI detenido por la gendarmería vaticana el miércoles pasado, no admitió ninguna responsabilidad en el llamado caso “Vatileaks” durante sus primeros interrogatorios. Eligió a los abogados que lo representarán y dedica su tiempo de encierro a la oración, indicaron fuentes vaticanas.
En tanto la investigación del Vaticano sobre el origen de la filtración de documentos secretos sigue abierta para desenmascarar a todos los participantes en un escándalo que ha puesto en una incómoda posición a la Santa Sede al sacar a la luz luchas de poder, rencillas intestinas y corrupción en la cúpula de la jerarquía católica.
La detención del mayordomo Paolo Gabriele, uno de los pocos miembros del equipo personal del papa, ha sumido a la Santa Sede en el caos precisamente cuando intenta demostrar a la comunidad internacional la seriedad de su compromiso de cumplir las normas internacionales de transparencia financiera.
LA HISTORIA
El escándalo ha resultado embarazoso para el Vaticano en momentos en que trata de demostrar a la comunidad financiera mundial que ha dado vuelta una página y que se ha desprendido de su reputación como paraíso impositivo plagado de escándalos.
Documentos del Vaticano filtrados a la prensa en los últimos meses han socavado ese esfuerzo al sugerir corrupción en las finanzas de la Santa Sede como también pujas internas en torno de los esfuerzos por demostrar más transparencia en sus operaciones financieras. Pero las revelaciones parecen haber tenido la intención de desacreditar al segundo en jerarquía después del pontífice, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de estado del Vaticano.
El escándalo se agravó la semana pasada con la publicación de Su Santidad , un libro que reproduce cartas confidenciales y memos entre Benedicto y su secretario personal. El Vaticano calificó el libro de “criminal” y prometió tomar acción legal contra el autor, el periodista Gianluigi Nuzzi.
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