El esplendoroso Estadio Olímpico de Kiev, donde se jugará la final de la Eurocopa.

Kiev, capital de la Eurocopa

Kiev será la capital de la Eurocopa en junio (desde el 8 al 1 de julio). Cientos de miles de turistas viajarán a Ucrania para animar a sus equipos, pero también para conocer una de las ciudades más acogedoras y, al mismo tiempo, más desconocidas de Europa del Este.

EFE

Kiev será la capital de la Eurocopa en junio (desde el 8 al 1 de julio). Cientos de miles de turistas viajarán a Ucrania para animar a sus equipos, pero también para conocer una de las ciudades más acogedoras y, al mismo tiempo, más desconocidas de Europa del Este.

La capital de la eslava Ucrania es una joya arquitectónica que no se abrió de par en par al visitante occidental hasta su independencia de la Unión Soviética en 1991. Solo entonces los turistas pudieron comprobar que Kiev solo es superada en Europa Oriental por las metrópolis imperiales (Praga, Budapest y San Petersburgo).

Kiev es una ciudad jardín, inundada por frondosos bulevares, iglesias ortodoxas con incontables cúpulas doradas de todas las formas y tamaños, ideal para el aficionado a las largas caminatas urbanas.

Ciudad que no llega a los tres millones de habitantes, Kiev sorprende al visitante por sus contrastes y el aire festivo y el carácter abierto de sus gentes. El pasado comunista aún está presente en algunos monumentos paradigmáticos del realismo socialista, pero pesa mucho más el modernismo y los edificios clásicos de corte zarista.

Patria chica de grandes escritores (Gogol, Bulgákov y Ajmátova), Kiev es al mismo tiempo eslava y romántica, apasionada y ortodoxa, oriental y occidental, apacible de día y salvaje de noche.

En Kiev todos los caminos llevan a la céntrica Kreschátik, una espaciosa avenida que se convierte en un paseo peatonal durante los fines de semana. Es un homenaje al modernismo y, en menor medida, al constructivismo soviético.

Hoteles, bancos, teatros, centros comerciales, edificios oficiales y de viviendas con numerosos restaurantes, boutiques, pastelerías y cafés en sus plantas bajas integran su alegre paisaje urbano.

A lo largo de sus 1,200 metros se cuentan tres plazas y el colorista mercado de abastos de Besarabia, donde se pueden probar las delicias locales, desde miel, pescado ahumado, embutidos o requesón.

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