EFE
Vida
Ser prácticos en el día a día es casi una obligación, pero las ocasiones especiales bien merecen toda una puesta en escena especial.
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Cuando tenemos en casa invitados, por mucha confianza que haya, nada discurre de la misma manera que en una jornada habitual. Nos esmeramos en la cocina y en la composición de la mesa, lucimos mantelerías diferentes, aunque no tienen por qué ser de materiales exclusivos, y también dejamos que se luzcan las vajillas y cristalerías guardadas para acontecimientos especiales.
La comodidad nada tiene que ver con el deseo de disfrutar de la buena mesa y la elección de un buen vino se percibe mejor por cómo se deja sentir en el cristal en el que se sirve.
Con más de dos siglos de experiencia, el Cristal de Sèvres ha sabido adaptarse a los tiempos renovando su estética a través de sus colecciones y reinventando nuevos diseños.
A MANO
Pero en todos ellos conjuga la perfección artesanal de lo “hecho a mano” y la sensibilidad creativa. La importancia que dan a cada una de sus propuestas está determinada por un deseo de innovar, como es el caso de su colección Segovie, que revive la estética de los años setenta.
Las copas, talladas a mano y sopladas a boca, se presentan en seis intensos colores: rubí, amatista, aguamarina, esmeralda, zafiro y topacio.
La perfección de la transparencia constituye una preocupación constante para Cristal de Sèvres y la rigurosa “calidad del material”. Es la primera fase de una larga sucesión de controles.
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