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Gemmo Lodesani

La clave está en el acceso

En América Latina y el Caribe, una de las principales regiones productoras de alimentos del mundo, todavía el hambre afecta a 53 millones de personas.

La paradoja a la que nos enfrentamos cada día es que la región produce suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de todos sus habitantes y sin embargo, cerca de nueve millones de niños —o uno de cada siete infantes— sufren de desnutrición crónica. No obstante, las cifras a nivel regional y nacional enmascaran las realidades locales. A nivel subnacional la desnutrición en ciertas áreas marginadas y comunidades indígenas y afrodescendientes aumenta hasta casi un 80 por ciento, demostrando inequidades que todavía tenemos que solucionar.

En muchas ocasiones me preguntan ¿cómo es esto posible? y mi respuesta ante esta pregunta es siempre la misma: la clave está en el acceso. El problema central del hambre en la región no es que no haya alimentos disponibles, sino las dificultades que los más pobres enfrentan para poder acceder a ellos.

La falta de acceso a alimentos es uno de los mayores problemas de la seguridad alimentaria y nutricional en la región y esto está muy entrelazado con la situación de pobreza que afecta todavía a 177 millones de personas —o cerca de uno de cada tres latinoamericanos y caribeños—.

Pongamos un caso típico que podría ser el de una madre cabeza de familia que se encuentra en una comunidad rural apartada de Centroamérica. Asumamos que esta mujer está desempleada, tal vez embarazada, sin ingresos fijos y sin acceso a tierra para cultivar sus propios alimentos, o sin infraestructura vial que le permita acceder al mercado para vender sus pequeños excedentes en caso de que pueda cultivar. Si las redes de protección social en su comunidad son débiles o inexistentes, o si no tiene acceso a un flujo de remesas de algún familiar que la apoye, el mercado local puede que esté lleno de comida, pero su despensa continuará vacía.

Esto ocurre cada día en muchos hogares de la región que tienen ingresos muy por debajo del costo de la canasta básica. En Nicaragua, por ejemplo, la canasta básica alimentaria cuesta el doble del salario mínimo, y en Panamá y Ecuador cuesta cerca de tres cuartos del salario mínimo.

Ante este panorama, en muchos hogares las tres comidas diarias se convierten en un lujo olvidado.

Hoy en día los científicos saben que la desnutrición hasta los 2 años de edad (los primeros 1,000 días de vida a partir de la concepción) puede afectar al desarrollo mental y físico hasta la edad adulta. Los niños desnutridos tienen más probabilidades de enfermarse, enfrentar dificultades para concentrarse en la escuela y ganar menos dinero cuando sean adultos.

Pero no está escrito en piedra que esto tenga que ocurrir. En tiempos de crisis, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) en América Latina y el Caribe proporciona alimentos y productos nutricionales especializados a las mujeres embarazadas y los niños pequeños más vulnerables. Cuando el niño alcanza la edad escolar continuamos facilitándole el acceso a comidas escolares y raciones para llevar a casa que ayudan a esos niños a crecer, desarrollarse y concentrarse mejor.

De esta manera y con la ayuda de todos, podemos garantizar que familias enteras desarrollen su potencial físico y mental y sienten así las bases para que las generaciones venideras construyan un buen porvenir. Un buen porvenir para ellos, para sus familias, para sus comunidades, para sus países; en suma, para todos nosotros.

El autor es Director Regional para América Latina y el Caribe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA).

COMENTARIOS

  1. Román Alberti Gutiérrez
    Hace 10 años

    Uno de los factores desestabilizantes han sido precisamente esos organismos que han justificado su existencia en el asistencialismo, dado que le dan todo hecho a las familias pobres, lo que sumado a la nefasta herencia que dejó el sandinismo en los 80´s y que han retomado con las cultura del no pago, de la invasión de tierras, de la manuntención de vagos solo por que son turbas y masas, lo idóneo sería que estos recursos se invirtieran en proyectos que lleguen a ser sostenibles y salir de

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