El fraude electoral del 6 de noviembre de 2011 es un problema que nos atañe resolver a los nicaragüenses y la comunidad democrática internacional.
La ayuda internacional se ha ido retirando y la crisis se siente en los altos precios de la canasta básica. Las regalías de Chávez no son productivas, son un fenómeno que altera el desarrollo justo de la economía.
Se necesita sacar del limbo constitucional al país, cuyo desarrollo permanece atrapado por un presidente impugnado e instituciones tomadas por un partido de usurpadores de votos, cuyas oficinas permanecen resguardadas como base militar.
Los gobiernos son intermediarios que los pueblos eligen para administrar sus recursos, por lo tanto deben entregar cuentas, dialogar con los electores, ser auditados y escuchar los reclamos de los ciudadanos.
Los verdaderos dueños del país son los ciudadanos, pero algo está fallando y por eso a diario siguen emigrando más nicaragüenses mientras permanecen muchos sin cédulas fuera de su patria, alejados de sus familias, buscando mejores oportunidades.
Se necesita un nuevo Consejo Supremo Electoral, restaurar el padrón, dejar que descansen en paz los muertos que votaron, devolver a sus padres la autoridad de niños con cédulas falsas y pandilleros que votaron hasta cinco veces en distintas urnas.
Hay que depurar un Consejo que incluso ha emitido cédulas a narcotraficantes y es cuestionado por toda Nicaragua. ¿Por qué continuar con el abuso de clasificar a la presidencia solo con un 35 por ciento, por qué no se aplica el voto en el exterior aprobado por la Asamblea Nacional desde el año 2000?
Hay muchas maneras no tradicionales de votar: mediante internet, con una tarjeta electrónica única manejada por un organismo que asegure la administración transparente de la voluntad popular.
Urge la unidad de los diputados opositores con la sociedad civil, líderes que salgan de las cuatro paredes de la Asamblea y lancen a la calle sus voces de ánimo y esperanzas, el equipo con la agenda propia que se acordó en las marchas. Se necesitan nuevas elecciones con nuevo Consejo Electoral. Por eso don Fabio Gadea y Mundo Jarquín permanecen sin cargos, sin salarios, acompañando a la Bancada en la calle, con el pueblo y los diputados robados, en espera de las sanciones de los organismos internacionales a los violadores de la Constitución y los derechos humanos, hasta que retornen los espacios robados a quienes corresponde.
El plebiscito previsto en la Constitución es una alternativa para encontrar la solución firme que la sociedad civil busca a través de la recolección de firmas por las nuevas elecciones. Votamos para que se regrese la dignidad robada a cada nicaragüense, que se respete su sagrada voluntad, por la solidaridad con quienes entregaron sus vidas en la defensa del voto o permanecen presos o presionados en sus trabajos.
Para que se cumpla la voluntad del pueblo, Nicaragua tiene que dejar de ser una hacienda con una economía endeudada por el petróleo de Chávez y ordeñada por una familia y sus cómplices.
Para que volvamos a ser una tierra con recursos naturales bien administrados, una verdadera república, con valores y oportunidades para todos y cada uno de los nicaragüenses.
La autora es periodista y miembro del movimiento de fiscales indignados.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A