El día 12 de mayo celebramos el Día Internacional de las Enfermeras, recordando el nacimiento de la enfermera Florence Nightingale (1820-1910) nacida en Florencia, Italia, y formada en Inglaterra, quien es considerada como la impulsora del concepto moderno de la profesión de la enfermería. A ella se debe el sistema de hospitales de Inglaterra. Durante la guerra de Crimea, en 1884, organizó en las duras condiciones el servicio de enfermería en el frente de batalla, lo que la convirtió en heroína popular. Recibió la Orden del Mérito del Rey Eduardo VII otorgada por primera vez a una mujer. Murió el 14 de agosto de 1910.
En esta fecha también se recuerda a Virginia Handerson, creadora del modelo conceptual basado en las 14 necesidades básicas del paciente; a Dorotea Oreum, fundadora de la Teoría del Déficit del Autocuido, y Jean Watson, encargada del desarrollo de la “Teoría del Cuido Humano”, todas ellas mujeres excepcionales que antepusieron el cuido del enfermo antes de sus propias vidas.
En Nicaragua al igual que en toda América Latina la carrera de enfermería es una carrera sacrificada, subvalorada no solo por las autoridades de Salud de los diferentes países, sino también por los mismos médicos y en algunas ocasiones hasta por los mismos pacientes.
Para conocer un poco más esta sacrificada y entregada profesión, debemos de seguir la trayectoria de una joven que decide estudiar enfermería en uno de nuestros países, primero que todo debe de estudiar en una universidad pública porque no es una buena carrera para las universidades privadas, ya que no pagan bien después de graduada, lo que hace que la mayoría de las estudiantes sean de bajos recursos. Luego de tres a cinco años de estudios finalizan su entrenamiento y posteriormente se incorporan a trabajar, la mayoría en los hospitales públicos o empresas previsionales del país, con salarios que no superan los 400 dólares mensuales, haciendo turnos, hasta doble turno para poder obtener un salario digno que les permita crear a sus hijos, muchas de ellas cabezas de familia como en un porcentaje importante de los hogares nicaragüenses.
Trabajan más de 30 años para posteriormente retirarse con una escuálida pensión. Durante esa carrera se ven sometidas a los vaivenes políticos y a sindicatos populistas que solo desean aprovecharse de ellas para sus intereses particulares, a veces por temor a perder su trabajo deben de cumplir con algunas tareas que no están en sus fichas ocupacionales, en fin una carrera sacrificada, mal pagada y en muchas ocasiones aprovechadas para intereses de otra índole. Hay un pequeño grupo que se va del país a buscar mejores horizontes, pasando dificultades pero con deseos de un mejor porvenir, a veces cuidando un enfermo de alguna familia pudiente en el exterior.
Cómo no reconocer el sacrificio de tantas enfermeras y enfermeros que han dejado una huella en los pacientes, en los hospitales y en muchos médicos, recuerdo a algunas de ellas como la licenciada Rosales, la licenciada Gámez, Justina (q.e.p.d.), don Hilario, licenciado Matus, la Martita, la señora Corea y otras cientos que nos han enseñado la parte humana del trato al paciente.
Reconozcámosle este día a esa vida entregada y deseémosles un feliz Día de la Enfermera. El autor es Cirujano Pediatra
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