Timidez bajo la lupa

Científicos estadounidenses han comprobado que los niños que son engendrados en agosto o septiembre tienen una probabilidad mucho mayor de nacer siendo niños tímidos.

Agencias VIDA

Científicos estadounidenses han comprobado que los niños que son engendrados en agosto o septiembre tienen una probabilidad mucho mayor de nacer siendo niños tímidos. Se supone que la causa es la hormona melatonina, conocida por su actividad neuronal. Durante los meses de invierno, en los que el feto madura en el vientre materno, la melatonina se produce en mayor cantidad. La hormona llega al feto a través de la placenta y puede provocar una elevada excitabilidad congénita.

Jerome Kagan, el investigador norteamericano del temperamento, llegó a la siguiente conclusión: en un tercio de los adultos tímidos la timidez forma parte del programa biológico. Ya en el vientre materno tienen una frecuencia cardíaca superior a la de otros fetos. A los cuatro meses presentan reacciones motrices más intensas que otros niños frente a sus percepciones sensoriales (objetos, ruidos, olores).

En un entorno desconocido lloran más que otros bebés. A los catorce meses siguen mostrando una frecuencia cardíaca superior a la media cuando se ven confrontados con una nueva situación. El niño que experimenta estas reacciones corporales las vive como algo desagradable, tiene miedo y se siente a disgusto e inseguro.

Dos tercios de la totalidad de las personas tímidas no nacen con esta predisposición; su timidez se desarrolla a causa de influencias externas.

Los estudios comparativos sobre diversas culturas, realizados por el socio-psicólogo yanqui Philip Zimbardo, en los que investigó la estructuras sociales en Israel, Japón y Taiwán, aportan interesantes datos sobre estas influencias externas.

Entre otras cosas, se puso de manifiesto que el 60 por ciento de todos los japoneses y taiwaneses interrogados se consideraban tímidos, pero solo el 30 por ciento de israelíes.

Es de suponer que la causa de esta sorprendente diferencia se encuentra en el comportamiento educacional que predomina en cada país.

Las conclusiones del estudio comparativo establecieron que es evidente que el hecho de que una persona llegue a ser tímida o no depende de si ha podido edificar un sentimiento de autoestima estable o no.

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