Unos 45 millones de franceses podrán elegir hoy al presidente de la República de los próximos cinco años entre los finalistas de la primera vuelta: el mandatario saliente y candidato conservador Nicolas Sarkozy y el socialista François Hollande.
Hollande, que el 22 de abril obtuvo 28.63 por ciento de los votos (frente a 27.18 por ciento para Sarkozy), mantiene de forma persistente su condición de favorito, aunque por un margen que se fue reduciendo entre medio punto y dos puntos en estas dos semanas.
Al cierre de la campaña electoral, terminada oficialmente el viernes, Hollande exhortó a sus compatriotas a darle una amplia victoria. “Si los franceses deben elegir, que lo hagan claramente, masivamente, que le den al que será investido toda la capacidad y los medios para actuar”, afirmó.
El candidato socialista agregó que representa a “más que la izquierda”. “Represento a todos los republicanos, los humanistas, los apegados a valores y principios”, dijo.
Sarkozy, por su parte, puso sus esperanzas en una fuerte participación. “Verán una gran sorpresa”, aseguró, instando de nuevo a la movilización de la “la mayoría silenciosa, los abstencionistas y los electores de la extrema derecha”.
Pero las perspectivas son más que sombrías para Sarkozy. No solo los sondeos le son desfavorables, sino que tampoco logró el apoyo de ninguno de los candidatos que quedaron descalificados en la primera vuelta.
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