Elida Z. Solórzano
“La Familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de esta y del Estado”, dice la Constitución de Nicaragua. Casi igual lo dice la Declaración Universal de Derechos Humanos. Pero en estos días se está aprobando en el plenario de la Asamblea Nacional un proyecto de ley que hará todo lo contrario.
¿Por qué se protege a la familia universalmente? Porque la familia es una institución de la que no puede prescindir ningún Estado. Aun cambios mínimos que se hacen a los núcleos familiares tienen consecuencias muy grandes en toda la sociedad. Esto es porque la familia es la transmisora fundamental de los valores a la siguiente generación y eso determinará las actitudes y la cultura futura.
¿Cómo se protege a la familia? Educando en los valores que la fortalecen. Actualmente el mundo entero sufre deterioro en su fibra moral y es bastante común atribuir esto a que el fundamento de la “familia intacta” se ha debilitado. Son muchas las causas de este quebranto. Sin embargo, se puede decir que mucho inciden en ello las nuevas leyes que no se fundamentan en “la dignidad inherente de la persona humana”. En nuestra Constitución existe esta figura en el Artículo 33 (2,1). Es importante, entonces, vigilar para que se aplique adecuadamente a la familia desde su misma base. ¿Y cuál es ese fundamento? Es la unión de un varón con una mujer. La unión conyugal fiel y estable muestra que hay conciencia de la propia dignidad personal y la responsabilidad que conlleva la sexualidad humana. Cada familia es tan fuerte como la unión del varón y la mujer dentro de esa unión llamada matrimonio.
Hay grupos que creen que el origen de cualquier ley es la conducta de las personas y las prácticas sociales. Afirman que las leyes deben reflejar las costumbres. Pero según se ha comprobado, es más bien cierto que las costumbres siguen a la ley. Simone Veil, abogada y política francesa que fue presidente del Parlamento Europeo, dice “que [con una ley] se puede modificar todo el patrón del comportamiento humano”. Esto se ha comprobado, por ejemplo, con las leyes de fácil divorcio que han contribuido a incrementar las disoluciones de los matrimonios hasta en más de un 50 por ciento en algunos países.
Según los antropólogos, el matrimonio cumple tres trabajos indispensables: 1) Socializa a los varones. Al respecto, Gail Collins, editora del New York Times, dijo en octubre del 2003 que “la tarea más importante que tiene la mujer en la sociedad es hacer que los varones se comporten correctamente”. 2) Al socializar a los varones, se regula la sexualidad. Una sociedad no puede sobrevivir cuando sus miembros hacen lo que les viene en gana con su sexualidad. Toda sociedad tiene sus reglas al respecto y la sociedad que las debilita se encuentra con problemas inesperados. 3) Protege a las mujeres de varones abusadores. Cuando los varones son socializados por el matrimonio, hay más probabilidad de que estos respeten y cuiden a las mujeres. Hay de sobra estadísticas que muestran que hay menos abuso a las mujeres por sus compañeros o por extraños cuando el hogar es constituido por un matrimonio y hay mayor abuso en parejas que cohabitan. 4) El matrimonio es la forma en que se asegura que la próxima generación crezca con el beneficio de un padre y una madre. Toda sociedad compasiva ayuda a los niños sin un padre o una madre, pero no hay ninguna sociedad que pueda llamarse compasiva cuando intencionalmente expone a la niñez a que falten el padre o la madre.
Sin embargo, el código que se propone proteger a la familia: 1) Equipara el matrimonio con la unión de hecho estable. 2) Es permisivo al divorcio porque el mismo se facilita por el mutuo consentimiento y apenas ante un notario. 3) Es ambiguo en su concepto de familia. 3) Carece de un glosario de definiciones de términos. 4) Quita la “patria potestad” a los padres al tomar decisiones en nombre de la familia. 5) Fomenta la discrepancia entre hijos y padres y plantea judicializar las relaciones familiares. 6) Hay mociones proponiendo que los CPC, que son instrumentos de un partido político, formen consejos de familia para inmiscuirse en sus asuntos.
Por el límite de espacio no sigo enumerando más, pero en general, el código tal como está en sus casi 650 artículos es un intento monstruoso del Estado de arrebatar el derecho primario que tienen los padres de educar a sus hijos y de regular las relaciones dentro de las familias. Es un intento de “ingeniería social” muy peligroso.
La autora es educadora y socióloga
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