“Mi patria es el mundo entero”, dijo Séneca, pero contrario al pensamiento de este filósofo romano, el amor de los waspaneños hacia su terruño es tan grande, que parecen gritar desde donde se encuentran en cualquier parte del planeta: “Waspam es mi patria”. La vida no es ficción, tampoco una ilusión que pasa, diríamos a Calderón de la Barca, la vida es sueños realizados, voluntad, animo, esperanza, queridos expedicionarios de “Waspam al reencuentro”.
Pero ¿qué es en realidad una patria? Es el lugar donde nacieron y viven los sueños de cada quien. De manera que Waspam fue la patria de Madre Reymunda, esa increíble monja de la orden de Santa Inés, que llegó de Wisconsin sin boleto de retorno para vivir como un ícono del bien, en esa tierra de la que se enamoró para siempre. La patria de los capuchinos, la patria de tantos y tantos que llegaron para olvidar de donde salieron. Ese nido de sueños, este mes de abril estará sacudido por enjambres de soñadores que lo visitan de distintas ciudades de los Estados Unidos, para volver a vivir momentos mágicos junto al río Coco, en ese proyecto denominado Waspam al reencuentro.
Waspam orgullo de la Costa Atlántica y envidia de la costa del Pacífico de Nicaragua, ha sido la cuna de verdaderos valores nacionales. Médicos, ingenieros, arquitectos, sociólogos, empresarios, religiosos, políticos, pintores y poetas, han puesto el nombre de este pueblo en las alturas a lo largo del mundo. Miles de waspaneños viven en los Estados Unidos, pendientes de las noticias de cada miembro de la comunidad; centenares están regados por diferentes países europeos, manteniendo hoy día toda una red de comunicación mundial, en la que se informan de las vidas de cada familia, sus logros y hasta su partida de este mundo.
“Recordar es volver a vivir” reza un viejo y popular pensamiento, y esto es lo que viene a vivir ese grupo de alegres y confiados visitantes con un programa para reanimar y darle un poco de esperanza al “nuevo Waspam”. Jóvenes “maduros” que conocieron el cine Sonia, la antigua parroquia de San Rafael, la clínica de Santa Inés, el viejo barrio mískito de Saulala Sirpi, el aeropuerto donde aterrizaba La Nica, y que asistieron a las inolvidables fiestas de la Alcaldía con músicos de la Tronquera y de Puerto Cabezas, gozarán recordando cada detalle de esos tiempos. Ese pueblo donde las tardes son color rosa, las noches con música de pinares, los días con frescor de krikes y pájaros a su alrededor, espera a su gente con muchas expectativas.
Las coordinaciones requeridas para organizar el viaje y elaborar el programa de visita al pueblo ha sido impresionante. Ese Waspam de antaño, viviendo en el extranjero como producto del desarraigo de los ochenta originado por una guerra que no debió darse, moviéndose como un solo músculo, con un solo sueño y una esperanza es verdaderamente ejemplar. Esto solo es posible con los waspaneños, un pueblo entrenado para subsistir en cualquier parte con su cultura, sus principios y valores. ¡Bienvenidos waspaneños, que Dios los bendiga y vuelvan siempre!
El autor es escritor
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