Jorge J. Cuadra

¿A la cuarta será la vencida?

Tres fechas para recordar, tres fechas de ignominia, tres fechas para olvidar.

Después de los esfuerzos llenos de buena intención del doctor Carlos Cuadra Pasos, el mejor estadista que ha tenido el Partido Conservador, para encauzar al país en la senda de la democracia en una suerte de pacto con el general Somoza García, en el que quedaron constituidas las famosas curules, emerge el general Emiliano Chamorro Vargas, caudillo indiscutible del partido verde, para efectuar con el general Somoza el pacto de los generales en el año de 1950. Allí nacieron los zancudos, que no son más que opositores colaboracionistas con el gobierno del dictador.

Después de dos abstenciones, en 1963 y en 1967, el doctor Fernando Agüero Rocha decide pactar con el general Anastasio Somoza Debayle, en el famoso pacto llamado Kupia Kumi en 1971. Con ese pacto las esperanzas del pueblo nicaragüense desaparecieron por completo y Agüero pasó a ser el segundo pactista del país.

Somoza Debayle se adueñó del poder toda la década del setenta, en la que hubo juntas de gobierno compuestas por dos somocistas y un zancudo y a pesar que Agüero renunció a una de ellas, jamás se pudo quitar la mancha de pactista. La política se recrudeció después del terremoto y la oposición se fue a la montaña, desde donde llegó en julio de 1979 para acabar con la dictadura somocista.

El futuro de Nicaragua se miraba despejado la mañana del 20 de julio, pero a medida que iban pasando los días se les iba abriendo los ojos a los nuevos gobernantes y se les iba inflando la ambición. Pero la década de los ochenta fue como un descanso merecido para los que habían luchado durante veinte años en condiciones desfavorables hasta derrocar al tirano. Por eso existió un dejar hacer ante los atropellos que se cometían. Eran los años de los “muchachos” que nos habían librado del mal de cuarenta años, en los que decíamos que podían meter las patas, pero nunca las manos. Se les perdonaba los errores políticos y se les reconocía su honradez natural, pero a la larga metieron las manos.

De todos es conocido los acontecimientos que se dieron en los años de los gobiernos demócratas y entre ellos destaca la tercera fecha de la ignominia, la tercera fecha para olvidar, el tercer pacto maligno entre el PLC y el FSLN. Entre Arnoldo Alemán Lacayo y Daniel Ortega Saavedra.

Ese pacto es el que tiene en el poder a Daniel Ortega, esta vez, inconstitucionalmente y con un poder absoluto.

Y de nuevo se presenta la “necesidad” de sentarse a negociar con el dictador. Eduardo Montealegre Rivas se va a sentar a negociar con Daniel Ortega Saavedra, presidente de facto de Nicaragua y con todas las ventajas a su favor.

¿Se repetirá lo mismo de siempre, o esta vez la negociación no terminará en pacto, el pueblo no será traicionado y el líder opositor se retirará con la frente en alto? En breve lo sabremos, pero creamos en el dicho popular que nos dice: “Que a la cuarta, ni los bueyes”. El autor es comentarista político.

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