REMEMORACIÓN DE SEMANA SANTA
Nací y me crié en el seno de una familia bastante religiosa. Por lo tanto, se me inculcó el respeto a las cosas de Dios. En esos días existía un temor reverente por estas cosas y no solo en los niños, sino en la generalidad de las personas se tenía ese sentimiento de respeto. Por ejemplo: en Semana Santa no se permitía correr, ni tirar piedras —si corrés, pisoteás al Señor y si lanzás piedras, agredís al Crucificado— y si continuás en no obedecer en lo primero, corrés el riesgo de que se abra la tierra y seas tragado por ella misma.
Estas aseveraciones dichas con tanta autoridad nos llenaban de un profundo temor que nos hacía reprender a los compañeros y familiares que eran muy necios y no acataban las recomendaciones de los mayores. Habiendo estudiado en el Instituto Loyola, los domingos participábamos de la Misa de los Niños en la iglesia Santo Domingo, era nuestro guía en la homilía el padre Roque Iriarte, venerable cura que nos enseñó tantas cosas importantes para el desarrollo de nuestras vidas. Desde el púlpito, que estaba situado en la parte media de la iglesia, en su costado norte, en ese estrado nos indicaba la mejor manera de tener el encuentro con nuestro Señor, nos decía: “Boca cerrada” y apretaba los labios y después: “Dientes cerrados” y pelaba los dientes de tal manera que nos causaba risa, la cual teníamos que guardar porque en ese momento no se permitía reír y de ese modo nos hacía ver el avance y la gran importancia que tenía el momento de la Consagración de la Hostia, hecho que teníamos que vivirlo en su gran magnitud totalmente hincados y concentrados en esa vivencia sagrada.
Es agradable rememorar esos momentos tan bonitos y hacer comparaciones de cómo era antes y en la actualidad. Dice la Escritura que no es de sabios decir que fue mejor antes que ahora, porque la maldad siempre ha existido, pero en la actualidad, por desgracia, se ha multiplicado en todos los ámbitos, pero a nosotros nos toca revisar como cristianos cómo está nuestra situación respecto al comportamiento en nuestras iglesias o parroquias. En una ocasión un cura amigo me contó un acontecimiento en su iglesia: Le llamó la atención una jovencita que participaba de la misa porque su vestido estaba demasiado chingo y su blusa muy escotada, lo que al parecer no le gustó y se quejó con su madre y para qué más, la señora llegó donde el cura, lo increpó groseramente, diciéndole que a su hija solo ella podía llamarle la atención.
Hechos como este se repiten en todas las parroquias: personas que llegan en pantalones cortos, con celulares encendidos, mascando chiclets; y el colmo hermanos, otra señora llegó a tomar la Eucaristía con un perro de la mano. José Gaitán Pérez
REY DE REYES
A propósito del Domingo de Ramos, es interesante notar algunas diferencias entre la alabanza que se le da a los gobernantes terrenales y aquella que se dio en Jerusalén hace más de dos mil años. Primero, Jesús iba montado en un burro no en un caballo. Con esto se daba cumplimiento a la profecía de Zacarías y se nos recordaba el carácter manso y humilde de este Rey. Para los gobernantes de este mundo esas cualidades son consideradas debilidades y evitan presentarse de esta manera a los demás. Segundo, la multitud adoró espontáneamente a Jesús. No hubo preparación o de parte de los discípulos para organizar la entrada triunfal, sino que la gente improvisó cortando ramas y tomando sus mantos para disponerlos sinceramente delante de Jesús.
En cambio los gobernantes terrenales tienen toda una maquinaria a su disposición con la tarea específica de promover su imagen. Entonces se hacen estatuas, se imprimen libros, se entregan condecoraciones o se publican afiches del gobernante de turno para saturar la mente de los súbditos. No hay nada espontáneo en esto. Tercero, a los reyes o gobernantes se les alaba por su poder militar, político o económico. La fidelidad a ellos depende de lo que tienen para ofrecer o para comprar conciencias. En cambio el Rey de reyes no tenía ejército, partido o riquezas y si alguna vez tuvo una corona fue de espinas. Su mérito no fueron batallas militares o riquezas acumuladas, sino “venir en el nombre del Señor”. Pero no es de extrañarse que existan tales diferencias si poco antes de entrar en Jerusalén el mismo rey Jesús advirtió a sus discípulos: “…los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor… así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. (Mateo 20:25-28). Rafael Guerrero
TIEMPO DE GOZO Y REFLEXIÓN
En estos días tenemos nuevamente la oportunidad de conocer más sobre la pasión de nuestro Señor Jesucristo, el cual nos invita constantemente a evaluar cómo hemos actuado y cómo podemos ser mejor e imitarlo. Esta oportunidad, deberá de ser tomada con mucha alegría, porque constantemente nos está invitando Jesús a que seamos mejores personas, dejando hacia atrás sentimientos que carcomen el alma y no nos dejan alcanzar la plenitud de la vida.
Esta semana, debería de ser aprovechada para leer más la Biblia, analizar y reflexionar cada una de las palabras que nos brinda el evangelio y que podamos poner en práctica todo lo que nuestro Jesús nos ha enseñado. Igualmente aprovechemos estos tiempos para pasar tiempo de calidad con nuestras familias, esta institución tan importante y sólida de nuestra cultura nicaragüense y que está siendo amenazada por el relativismo que nos imponen fuerzas externas y por nuestra propia comodidad o yoquepierdismo. Aprovechemos para unir más nuestros lazos familiares y realmente defendamos, a través de nuestra fe, esto tan bello que nos han dejado nuestras enseñanzas católicas. Oliver Reyes Villalta
LÍMITE ENTRE RESPETO E IRRESPETO
El Domingo de Ramos me encontraba un poco fuera de la multitud que rodeaba la tarima desde donde monseñor (Rolando) Álvarez impartía la bendición de las palmas. Pensaba en lo hermoso de ver a los creyentes llenos de fe y esperanza gozosos alzando las palmas, frascos y botellas conteniendo agua para que fuesen bendecidos mientras entonaban alabanzas al ritmo de la banda que estaba en la tarima.
En ese momento irrumpió un grupo de jóvenes de ambos sexos que vestían camisetas sicodélicas de la Juventud Sandinista 19 de Julio con leyendas de “Paz, Amor, Solidaridad”. Solo un despistado jovenzuelo que posiblemente no cogió bien la señal, usaba una camiseta con “Vote en la 2” “Viva el presidente Daniel”, se le olvidó que su presidente inconstitucional ya está de mandamás, y otra muchacha con la camiseta en sus manos dudaba entre ponérsela o no, posiblemente tuvo vergüenza y no lo hizo.
Todos tenemos derecho a usar lo que deseemos para vestir siempre que sea dentro de los límites de la moral, pero me pareció fuera de lugar que llegaran a un acto religioso promoviendo un partido político. Pareció que querían abrirse paso hasta donde estaba la tarima, pero al final no lo hicieron. El que parecía liderar el grupo comenzó a darse golpes en el pecho mientras en voz alta repetía “mea culpa, mea culpa”, mientras sonreía burlonamente, dejó de hacerlo hasta que una joven le dio un codazo. Minutos después se retiraron en silencio.
Nadie pareció darles importancia. ¿Qué pretendían al vestir camisetas de propaganda? Quizás al ver que nadie los determinó optaron por retirarse. Sentí enojo pues habían hecho que me distrajera del fin que me había llevado allí, pero pensé que si Jesús pudo cambiar el agua en vino y que las palmas y frascos con agua habían sido bendecidos dada la fe de los creyentes, ¿por qué no sería posible que el que se golpeaba el pecho fingiendo confesar sus culpas, pudo, puede o podrá ser lleno de gracia y en su corazón reconozca que la pareja que él alaba, no es ni cristiana ni quiere la paz y es solidaria solo con los que por ambición o ignorancia los siguen. Debemos continuar poniendo el dedo sobre la llaga hasta conseguir que los seguidores reconozcan que están siendo usados y que la pareja ilegal no es más que ídolos de barro.
Milena Lanzas de Vega